27/4/15

Y Seiobo descendió a la Tierra, de László Krasznahorkai

SINOPSIS:


(1) Kioto. Una grulla espera inmóvil en el río. 


(2) Lippi, la humillación y la belleza conjugadas.


(3) El proceso de restauración de una estatua de Buda


(5) Scuola Grande de San Pietro, Venecia, Christo Morto. El turista que quiere comprobar años después si es cierto que la imagen abre los ojos.


(8) El hombre que consiguió el sueño de su vida, visitar la Acrópolis de Atenas.


(13) El minucioso trabajo del tallador de máscaras del Teatro Noh.


(21) Casa Milà, Barcelona, un icono de Andrei Rubliev, un cuchillo jamonero.


(34) Seiobo desciende a la Tierra gracias a la maestría de un actor Noh. Un hombre al fin y al cabo.


(55) Pietro Vanucci, El Perugino, que posee el secreto de los colores más intensos y ha perdido el interés por la pintura, traslada su taller.


(89) El sentido de La Alhambra.


(144) Ion Grigorescu rescata un caballo del interior de la Tierra. Hay muchos más.


(233) La simbiosis vital entre la Venus de Milo y el guardia de la sala del Louvre que alberga la estatua.


(377) Un arquitecto que jamás construyó nada da una conferencia delirante sobre Bach.


(610)  Oswald Kienzl, los paisajes, la muerte. (No sé quién es Kienzl. Pongo un cuadro de Klee que tuve muchos años en mi habitación)


(987) La reconstrucción idéntica de un santuario japonés y el choque con la mentalidad occidental.


(1597) Ze' Ami, creador del teatro Noh, en el exilio.


(2584) Los gritos de las bocas abiertas de las estatuas enterradas en ignotas tumbas chinas.


0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, 1597, 2584... 
Numerados según los términos de la sucesión de Fibonacci los relatos que componen Y Seiobo descendió a la Tierra, de László Krasznahorkai, pueden no tener fin.
¿Debemos preocuparnos porque los dos primeros términos están aparentemente omitidos? No necesariamente, pongamos que 0 es el título y el primer 1 la extraña cita que abre el libro:

O reina la oscuridad o no necesitamos la luz.

"It's always night, or we wouldn't need light" es una críptica frase de Thelonious Monk que Thomas Pynchon, al igual que Krasznahorkai, emplea como epígrafe en Against the day.

La actitud de Monk:
It is not by chance that by the time of this writing we still don't have a comprehensive biography of Monk. We tend to encounter him first in anecdotes, in the myths of jazz, rather than in facts. He is the "High Priest of Bebop," which was how Blue Note records advertised Monk, who more encouraged than endured the line. He dances through his sets like a portly bear, doesn't change the attitude of his hands at the end of a set, but shuffles to the bar, orders a drink, and then relaxes. He hears the sound of mariachis, freezes, listens for a while, then puts his finger in the air and says, "B flat!" Like a rock star, he comes late for club dates. His huge rings, various hats, and first-class suits are not only a stage dress but the daily illustration of his own myth. In his few interviews, he gives us laconic wisdom like 'It's always night, or we wouldn't need light.'"

Stephan Richter, The African American Review, "The beauty of building, dwelling and Monk: aesthetics, religion and the architectural qualities of jazz"

Pynchon vio tocar a Monk. Tal vez le preguntó que significaba “ser Dios”. Tal vez recibió la inquietante respuesta, "It's always night, or we wouldn't need light".

¿Por qué me enredo hablando de Pynchon y Monk cuando se trata de comentar una novela de un escritor húngaro? Pues porque entiendo que, al menos estructuralmente, la novela de Krasznahorkai tiene cierta inspiración estadounidense, pero no influencia pynchoniana, como podría hacernos creer la cita inicial. De alguna manera me ha recordado a las intrincadas novelas de Vollmann.
Y también a la actitud de Monk, dejando que la pieza continúe sin que él toque el piano. 

A pesar de toda influencia que se pueda mencionar, Krasznahorkai tiene algo que le hace único. Un estilo propio arrollador formado por una prosa sin puntos que convierten cada capítulo en unos pocos, cuando no en un único, párrafos. 
Como una pieza de jazz.

Y Seiobo descendió a la Tierra trata sobre el Arte. Pero no del Arte en sí, sino en la parte humana que concierne al Arte. Artistas, restauradores, espectadores pueblan las páginas de la novela (aunque esté formada por una sucesión de relatos, constituye una novela) y en ellas se narran las distintas relaciones de esas personas con las obras de arte, pero siempre desde una perspectiva humana. Significativamente el centro de la narración lo constituye el descenso de Seiobo, una deidad japonesa, encarnándose en el actor que la representa, un hombre capaz de alcanzar la divinidad cuando actúa, pero alienado por la tensa relación con su padre en la infancia. No hay pues, más criterio para valorar el arte que el de la propia humanidad de sus creadores, conservadores y espectadores. Y eso que de alguna manera puede sonar descorazonador, en manos de  Krasznahorkai se convierte en un verdadero canto a la humanidad y sus logros.

Luego está el tema del tiempo.
El primer relato nos presenta a una garza inmovilizada, presta a la caza, mientras a su alrededor el río, el tráfico, las personas, todo, fluye. El último se centra en el aullido inaudible de cientos de estatuas enterradas en las tumbas de emperadores chinos. El Arte pasa y queda finalmente sepultado. En medio un compendio de historias escritas de forma incuestionable por la mano de uno de los escritores contemporáneos más fascinantes.

20/4/15

Circo familiar, de Danilo Kiš

Dedicado a Hanna O. Semicz

Katzenjammer

Hay novelas que me enferman. Me provocan una especie de pulsión irrefrenable que me afecta físicamente, me conducen a un estado febril en el que la realidad de la novela suplanta a la mía.

(También es posible que simplemente esté acatarrado)

Pero esta sensación es señal de que la novela perdurará en mi memoria, que de alguna manera se ha convertido en un hito en mi camino hacia la disolución.

Hablemos de la memoria:

“Porque desde mi infancia he tenido una hipersensibilidad enfermiza y ya entonces mi imaginación transformaba todo rápidamente, excesivamente deprisa, en recuerdo: a veces bastaba un día, un intervalo de un par de horas, un sencillo cambio de lugar, para que un hecho cotidiano, cuyo valor lírico no percibía mientras lo estaba viviendo, quedara coronado por el eco luminoso que normalmente no rodea más que a los recuerdos que han permanecido durante largos años en el potente fijador del olvido lírico. En mi caso, este proceso de galvanoplastia por el que las cosas adquieren un fino baño de oro y un noble depósito de pátina se desarrollaba con una intensidad, por así decirlo, enfermiza, y la excursión  del día anterior, si alguna circunstancia objetiva indicaba que había finalizado, que no se iba a repetir ni podría repetirse, se convertía para mí, a la mañana siguiente, en una fuente de meditaciones melancólicas y aún confusas. Me bastaban dos días para que las cosas adquiriesen la gracia del recuerdo. Era aquella misma excitación lírica que habíamos heredado de nuestro padre (...)” 

Destaco el fragmento porque en él se encuentran los dos temas principales de las novelas que componen Circo familiar, la memoria como instrumento exhaustivo de descripción y el padre.
(no el padre del autor, Kiš, sino del narrador, Sam)
(obviamente sí el padre del autor, Kiš, hasta cierto punto)
(el padre y parte de la familia Kiš murieron en Auschwitz)
(el padre de Sam, redivivo, quiere el narrador que reaparezca tras la 2ªGM) 


Kiš “padece” una especie de eidetismo. Decir “padece” es exagerado, porque para un escritor es una bendición, o no, depende de cómo lo use. Nabokov también era eidético, pero la forma que tiene  Kiš de indagar en la capacidad de retener gracias a la memoria los más mínimos detalles que rodean a una circunstancia recordada determinada resultan mucho más poéticos que en el caso de Nabokov, en el que la memoria es un instrumento implacable pero en ciertos momentos frío y clínico.
(Punto para Kiš)
(No es mi intención ponerlos a competir a pesar de que comparten algunos rasgos, determinantes para sus narrativas, comunes; la memoria y el exilio, por ejemplo. Simplemente esa capacidad maravillosa de convertir cada escena vivida en un recuerdo imborrable del que se pueden describir cada uno de los detalles, por nimios que sean, no deja de sorprenderme y, francamente, la envidio, máxime teniendo en cuenta que en cuestiones de memoria soy un completo negado)

Las dos primeras novelas, Penas precoces y Jardín, ceniza, son una muestra de narrativa eidética dedicadas a describir la infancia del narrador (¿el mismo?) Andreas Sam, determinadas por la guerra y la ausencia, o presencia intermitente, del padre. En sí mismas, las dos novelas podrían considerarse más que correctas narraciones cuyo motor es la memoria. Sin embargo es la tercera novela, El reloj de arena, la que, dando una vuelta de tuerca a las dos primeras narraciones, convierte a las tres novelas, al libro que conforman las tres agrupadas, en una obra maestra.

En El reloj de arena, el hijo (¿Andreas Sam?) cede la palabra al padre (aquí reconocido como E.S.) (¿es el mismo, no lo es? ¿está inspirado en el verdadero padre de Kiš? Qué más da) la guerra es el escenario de fondo: la desposesión y el desarraigo que conllevan, la necesidad de mendigar cobijo a una familia, los numerosos hermanos de E. S., con los que éste está en malos términos, los sucesivos internamientos en centros psiquiátricos, campos de trabajo y el control exhaustivo al que le somete la policía. El reloj de arena se compone de delirantes escritos del propio E.S. (calificadas como Notas de un loco), fragmentos de su obra La guía yugoslava, nacional e internacional, de autobuses, barcos, trenes y aviones, y transcripciones de los interrogatorios (¿por quién, dónde?) a los que es sometido. En ellos es capaz de describir con completa exactitud, el eidetismo resulta ser la gran herencia del autor, incluso los cuadros decrépitos que adornan el compartimento de primera clase de un tren. Esas descripciones son intensas y profundas, tanto que están dotadas de la capacidad de convertirse en parte de la narración, anticipándose a ella, o suponen una inmersión tan profunda en la descripción que se convierten en vívidos momentos que se (con)funden con el hilo argumental. 

(Y esto lo digo solo por poner un ejemplo de lo que es capaz de hacer Kiš con las herramientas que dispone como escritor)

Fragmentario, con la flecha temporal truncada, con una “trama” no evidente, oculta, El reloj de arena, novela escrita en 1972, demuestra que la modernidad siempre es cosa del pasado.


“Recomendamos de corazón esta novela a nuestros suscriptores y a nuestros nuevos lectores, a todos aquellos que no buscan un tema fácil y de aventuras y que estén convencidos, como lo estamos nosotros, de lo que se llama la trama no es ni el encanto esencial ni el valor esencial de una obra literaria”



"¡El mejor remedio contra la resaca (mein Herr) es el suicidio!"

Los fragmentos de la traducción de Nevenka Vasiljevic para Acantilado.

10/4/15

Mi vida en la maleza de los fantasmas, de Amos Tutuola

«Mi madre es una fantasma tullida que solamente puede arrastrarse en vez de andar. Nació y creció en el séptimo pueblo de los fantasmas y mi padre también es natural del sexto pueblo de los fantasmas que está a unos trescientos kilómetros de distancia de este pueblo Sin Nombre. Él es el brujo más poderoso entre todos los brujos, tanto en la Maleza de los Fantasmas como en los pueblos terrenales. Y mi madre también es la bruja más poderosa de todas las brujas, tanto en la Maleza de los Fantasmas como en los pueblos terrenales. Por lo tanto, por esta razón, los dos son seleccionados por todas las brujas y brujos para ser sus jefes y darles órdenes a todos ellos. Así que por eso todos ellos vienen de todos los pueblos de fantasmas y de todos los pueblos terrenales todos los sábados a la casa de mi padre, donde hay un salón grande especial construido para estas reuniones. Pero como mi padre y mi madre son sus jefes, pues tenemos que preparar toda clase de comidas y de bebidas antes que lleguen al pueblo de mi padre cada sábado. 

»Después que comen y beben, empiezan a cantar la canción de los brujos y las brujas, después de esto rezan la oración de los brujos y las brujas, y entonces empieza la reunión, pero las más importantes de sus discusiones son sobre los que no son miembros y sobre cómo robarles y destruirles, y también presentan quejas de los que les han ofendido ante mi padre y mi madre, los cuales les dan la orden de matar a sus ofensores o no. Desde luego esperan hasta oír sus últimas órdenes antes de volver a sus pueblos. Pero si mi padre y mi madre no les ordenan hacer daño a esos de quienes se quejan, no deben hacerles daño, pero si los dos les dan la orden de hacerles daño o matarlos, pues inmediatamente vuelven a sus pueblos y los matan.
My Life in the Bush of Ghosts, Amos Tutuola; Traducción de Maribel de Juan, para la edición de Siruela.

Nigerian Pidgin is an English-based pidgin and creole language spoken as a lingua franca across Nigeria. The language is commonly referred to as "Pidgin" or "Brokin". It is distinguished from other creole languages since most speakers are not true native speakers, although many children do learn it at an early age. It can be spoken as a pidgin, a creole, or a decreolised acrolect by different speakers, who may switch between these forms depending on the social setting.(…)Each of the 250 or more ethnic groups in Nigeria can converse in this language, though they usually have their own additional words. For example, the Yorùbás use the words Ṣe and Abi when speaking Pidgin. These are often used at the start or end of an intonated sentence or question. For example, "You are coming, right?" becomes Ṣe you dey come? or You dey come abi? Another example, the Igbos added the word Nna also used at the beginning of some sentences to show camaraderie. For example, Man, that test was very hard becomes Nna, that test hard no be small.

Fuente: Wikipedia, Nigerian Pidgin 

Les narracions d'Amos Tutuola, que relaten històries fantàstiques en un pidgin English ingènuament posat per escrit, van ser rebutjades pels intel·lectuals nigerians de la primera generació, que maldaven pel reconeixement de les seves literatures mitjançant la hipercorrecció lingüística i una reproducció de les normes narratives occidentals.

Fuente: Viquipèdia; Amos Tutuola

Aquí hay un concepto interesante que nos perdemos. Las novelas de Tutuola están escritas en la traslación de una adaptación oral “chapurreada” del inglés con modos tribales propios. Entonces, ¿qué leemos cuando leemos a Tutuola traducido?, y aún con esto ¿por qué merece la pena leer a Tutuola aunque sea traducido?  (*)

Está el ritmo. Está la repetición. Está la ingenuidad. Está lo fantástico. Y sobre todo está la ruptura con las convenciones. De alguna forma se trata, quizás involuntariamente, de una forma inusual de narrativa que algunos pretenderán nos acerca a la primigenia oralidad africana. Sospecho, con el recelo de los ignorantes, que existe una clave en las historias de Tutuola que excluye al lector “occidental”. Si en El bebedor de vino de palma, la imagen del colonizador BLANCO aparecía implícitamente como un demonio malvado, en Mi vida en la maleza de los fantasmas esa presencia ha desaparecido. Empujado por la guerra, el narrador, inicialmente un niño, se interna en la maleza de los fantasmas de la que tardará 24 años en escapar. Lo que encuentra dentro de la maleza, las fabulosas historias en las que se ve involucrado, su vida a lo largo de esos años recorriendo los distintos pueblos de los fantasmas, imaginamos que obedecen a cierta tradición de narrativa oral nigeriana, pero de alguna manera percibimos que parte de su sentido nos está vedado (como demonios blancos que somos)
Y ante esta sensación de exclusión caben tres opciones: Empecinarse en que la novela es una nimiedad pueril y sin proyección; o, también obstinadamente, tratar de dilucidar por qué a pesar de sus defectos de forma (o precisamente por esos defectos) y de la extrañeza que provoca el texto (escrito en un código ajeno) la novela de Tutuola no deja de fascinarnos; y la tercera, no preguntarnos nada y disfrutar.

No juzguemos. Dejémonos llevar al interior de la maleza en la que los mortales tienen prohibida la entrada.


(*) NOTA SOBRE LA TRADUCCIÓN: La traducción de Mi vida en la maleza de los fantasmas intenta ser fiel al estilo primitivo y tosco del original, más próximo al relato oral que al texto escrito, y conservar la defectuosa sintaxis propia de quien no domina el inglés. Para ello he procurado emplear un castellano incorrecto, pero sin caer en la jerga, tratando de que sea comprensible y fluido y a la vez respete las repeticiones, las faltas de lógica y las ocasionales palabras cultas que caracterizan la prosa del autor.

Maribel de Juan.



3/4/15

Inherent Vice, de Paul Thomas Anderson (y II)

PRUEBA DE CAMPO

SUJETO: 
No lector habitual de Pynchon. Crítico con el autor al que considera, tras leer El arco iris de gravedad como, cito, “un escritor que se gusta mucho a sí mismo”. No ha leído Vicio Propio Inherent Vice.

PRUEBA: 
Visionado de la película Inherent Vice de Paul Thomas Anderson.

CONCLUSIONES: 
Reacción positiva.
Destaca el ambiente psicodélico de toda la película que afecta también a la trama, pero como parte del discurso narrativo. 
Refiere reminiscencias de El gran Lebowsky y de El sueño eterno y alguna otra película protagonizada por Bogart.
Entiende que no importa tanto la coherencia del guión como el punto de vista del protagonista influenciado por el uso indiscriminado de “sustancias recreativas”. 
En este aspecto resalta ciertas escenas desagradables, como Big Foot chupando un helado o la escena en el despacho del dentista y como la acción se acelera debido al consumo de cocaína de los personajes y se corta bruscamente cuando los efectos desaparecen.
Lamenta la falta de profundidad en la película del personaje de Big Foot, muy interesante a su parecer. Sin embargo refiere que uno de los aciertos de la película es reflejar la reciente historia estadounidense mediante la influencia de los grandes acontecimientos en la vida cotidiana, incluso en los márgenes de la sociedad.
(Aquí le apunto al sujeto que ese es uno de los propósitos de Pynchon)



VALORACIÓN:
4 DE 5 ESTRELLAS

VALORACIÓN DEL ESTUDIO:
La película se puede apreciar, entender y valorar sin conocer la novela de Pynchon, transmitiendo además el mensaje original. 

30/3/15

La analfabeta, de Agota Kristof

Partiendo del principio de que un comentario no debe exceder la extensión de un texto voy a ser muy breve. La analfabeta, Relato autobiográfico, reúne en 35 páginas, escasas para el ferviente lector de Kristof, reflexiones de la autora sobre los azares de su vida, cómo estos influyeron en sus obras y, sobre todo, cómo tuvo que reinventarse como escritora adaptando un idioma que le era completamente extraño. Nacida en Hungría, Kristof se exilió a Suiza donde se convirtió en una analfabeta y dónde escribió, en francés, un idioma en principio absolutamente desconocido para ella, varias novelas que no dudo en calificar de Obras Maestras. Así la trilogía recogida en Claus y Lucas, así Ayer,... aquí no caben exageraciones, ni paliativos, ni consideraciones contextuales, las novelas de Kristof son verdaderos monumentos literarios en sí mismos. La analfabeta es un sucinto recorrido que nos lleva de nuevo a esas grandes novelas de Kristof, mostrándonos de qué manera la vida privada de la escritora aflora en alguna de las páginas de sus novelas. Es una colección de breves textos para devotos de Agota Kristof. Sí, devotos. Una vez que has leído a Kristof no puedes dejar de adorar sus novelas. ¿Exagero? Lee Claus y Lucas y después me reprochas lo que acabo de afirmar.

27/3/15

entre culebras y extraños, de celso castro

“… y no me preguntes qué es lo que yo considero importante porque no tengo ni la menor idea, que para mí un hombre no es más que un conjunto de aparatos, ya sabes, el respiratorio, el digestivo, el circulatorio, el... reproductor y el excretor, que es el último, (…) y todos esos aparatos son inútiles, no sirven para nada, únicamente para mantenerse a sí mismos, continuarse en otros o para algún placer asociado, o sea, para nada...”


Uno podría imaginar a celso castro como el eterno adolescente airado. No tanto a sus narradores, que obviamente lo son, sino al propio autor, enfrascado en un una lucha permanente contra un mundo hostil cuya lógica “adulta” no quiere (no queremos) entender.
Por eso queremos tanto a celso castro.

entre culebras y extraños puede ser la novela que cierra la trilogía de los “Relatos del yo”, iniciada con el afinador de habitaciones, continuada por astillas. Que lo sea, o no, es indiferente. De nuevo la radical forma de enfrentarse a la narración de unos hechos, que desde alguna otra perspectiva pueden considerarse triviales o cotidianos, supera los propios acontecimientos. Unas narraciones frenéticas, en primera persona, subjetivas casi hasta el solipsismo, egoístas, ingenuas y con una considerable carga poética, trasuntos de hipotéticos diarios adolescentes, pero en realidad consecuencias de una deliberada y estudiada puesta en escena, hacen que las novelas de castro se conviertan en un maelstrom literario que arrastra a las profundidades de los textos a sus lectores.

Y arrastrados a las profundidades de ese abismo narrativo, podemos (solemos) olvidar una de las peculiaridades de la literatura de Castro: que sus narradores no son del todo fiables. No lo son no por un deliberado intento de engañarnos, sino porque su bagaje cultural es interpretado desde su condición adolescente. No hay infidencia, sino más bien una visión personal del mundo que se corresponde con la edad del narrador, pero todo ello escrito desde la madurez del autor.

“ahora voy a saltarme todo ese lodazal de desprecio en el que caí y comentar brevemente dos aforismos de nietzsche:
1. quien se desprecia a sí mismo continúa apreciándose como despreciador
2. el único remedio contra el autodesprecio es ser amado por una persona inteligente

bien, del primer aforismo no sé que decir, ni qué estrecho consuelo podría extraer, porque el desamor te recubre de una capa de indignidad, y te juro que no hay posibilidad de aprecio o amor propio, en cuanto al segundo... tampoco haré ningún comentario y además no es el momento (...)”


No sé cómo calificar a eso que llaman “el panorama literario español”... digamos, para no ser extremista (hoy tengo un día más o menos benévolo), en el “conformista panorama blabla”... pues ahora estoy en un dilema, porque no me parece justo incluir a castro en ningún panorama. Digamos que sus novelas van contracorriente... o, mejor, que “el panorama” va de cabeza al abismo y que unos pocos escritores españoles se salvarán de esa debacle. Y, por supuesto, Celso Castro, con mayúsculas, se salvará. 

Se podría decir mucho más. Sí, por supuesto. Pero ¿de qué serviría?.
Leed las novelas de Castro.

No es una recomendación. Es una imposición.



17/3/15

Inherent vice, de Paul Thomas Anderson

USTED HA VISTO A ESTE HOMBRE



(Si ha visto la película de PTA donde, presumiblemente, aparece TP en un cameo)

















Recuerdo que leí El sueño eterno, de Raymond Chandler para intentar entender la trama de la película interpretada por Bogart y Bacall. Luego descubrí que mientras rodaban la película llegó un momento en que ni Huston ni Chandler ni el guionista, William Faulkner, sabían demasiado bien de qué iba la trama, Si no recuerdo mal, ¿dónde está Eddie Mars? y ¿quién es Eddie Mars? eran las frases que más se repetían en la película. (Miento, la que más se repetía era la respuesta a esas preguntas: NO LO SÉ)
Leer la novela de Chandler no me ayudó demasiado.
Tampoco resultó ser demasiado importante.
Thomas Pynchon homenajea de alguna manera a Chandler en Vicio propio Inherent vice. Y, quizás, a El gran Lebowsky, pero esa es otra historia que PTA, el director de IV, ha sabido eludir.

La película de Anderson es una correcta adaptación de aquello que es posible adaptar de la novela de Pynchon, la trama principal. Pero los que conocemos a Pynchon sabemos que la trama principal (si es que existe) es solamente un pretexto para mostrar un fresco inabarcable de una época. Que lo importante en Pynchon no es la trama sino todo aquello que se adhiere, flota y se dispersa en torno a la trama. Y eso, obviamente, es imposible captarlo en dos horas de proyección.

Bien y no tan bien.

Bien porque Anderson se ha atrevido con un texto de Pynchon.
No tan bien porque Pynchon va más allá de las imágenes.

La gracia es que llega un momento en la película en que deciden mandar la trama al carajo... nadie entiende qué ocurre ni de dónde salen algunos personajes... pero no importa. Creo.

Notas:
Mi amigo @mecomiaunflan tiene la sensación de que es posible que Pynchon aparezca en más de una ocasión, disfrazado, en la película. Algunas de las fotos confirman que aparentemente el mismo figurante aparece en un par de ocasiones. A decir verdad, no creo que se haya rodado una película en la que los figurantes interactuen con los personajes principales o miren a cámara como en esta. Algo deliberado, por supuesto.

El hombre que almuerza en el sanatorio está descartado como TP.

La foto de la fiesta, la santa cena con pizza, difiere de la escena en la que se toma la foto.

Mi candidato preferido es el hombre tras la ventana, en ese curioso momento en que tanto el figurante, como Phoenix y Wilson, miran a la cámara en un instante de silencio.

La última foto muestra a un hombre cuya cara parece...


27/2/15

El atlas de las nubes, de David Mitchell

Dice (dijo) David Mitchell sobre El atlas de las nubes: “Cada una de las secciones es como un ensayo de ficción sobre cómo funciona el poder, cómo una persona se sobrepone a otra, el poder entre tribus o entre individuos con un estado, o un estado con una compañía depredadora”… o al menos así la recoge la transcripción de la conversación telefónica que el periodista de El País (Pérez Ruiz de Elvira) sostuvo en 2013 con el escritor con motivo del ¡estreno de la versión cinematográfica de la novela!

No entiendo muy bien la frase de Mitchell. O lo que el periodista escribe que dijo Mitchell.

Tal vez sea más elocuente la cita que se repite en muchas reseñas: 

“¡Y cuando exhales el último suspiro, sólo entonces, te darás cuenta de que tu vida no ha sido más que una minúscula gota en un océano infinito!
Y sin embargo, ¿qué es un océano sino una multitud de gotas?”

O de cómo las actitudes individuales de enfrentamiento al poder derivan en un futuro… ¿mejor? Obviamente la conclusión de la novela es que no, no hay un futuro mejor en el devenir de la historia. Quizás un atisbo de esperanza gracias, precisamente, a esas actitudes individuales.

Esta sería una representación gráfica de la estructura de la novela:




En la misma entrevista Mitchell afirma: “Toda novela tiene un número. No es misticismo, es más arquitectónico. Quizá estético también. Es como la firma de tiempo en la música”.
Así que supongo que la idea arquitectónica que tenía Mitchell en mente cuando elaboró la estructura de El atlas de las nubes era esta:



(La imagen de aquí)

Es pues una impresión subjetiva la que quiero dar mostrando un inestable montón de libros. El arco de medio punto que nos legaron los romanos (“los romanos… ¡una mierda al lado de los etruscos!") es la estructura más estable y elegante posible para construir un arco: la entrada que separa dos realidades diferenciadas.
Lo que ocurre con los arcos es que su resistencia depende en gran medida de la calidad y solidez de los elementos empleados en su construcción.

Y aquí llega el problema a la hora de evaluar una novela como El atlas de las nubes.

La novela está compuesta por seis relatos, seis de ellos interrumpidos y continuados en forma piramidal. Al diario de Adam Swing le siguen las cartas de Frosbisher, a estas una novela negra centrada en la periodista Luisa Rey, a esta otra novela escrita por Cavendish, un editor en fuga, a la que sucede el interrogatorio a una androide en un futuro en el que los clones son mano de obra desechable, culminando la sucesión de historias en un futuro postapocalíptico dominado por la violencia tribal, y de ahí volvemos al relato de la androide, y descendiendo, al editor, a la periodista, a las cartas y al diario.
Lo cierto es que Mitchell demuestra dominar con solvencia múltiples géneros, adecuando su narración a las épocas a las que están circunscritas cada una de ellas. Y también es cierto que no se trata de una azarosa reunión de relatos. Dejando de lado que cada uno de ellos remita al anterior relato sobre el que se sostiene y que, de alguna manera, cada uno de los relatos, influya en las vidas de sus futuros lectores (los protagonistas de los relatos que les preceden), hay una temática común que ya he mencionado, el del enfrentamiento individual a las infinitas caras del poder.

Así tenemos una estructura envidiable, un más que digno dominio de géneros y una buena idea desarrollada.

Pero.

Copié esta cita de Gibbon, supongo de su Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, que recoge Mitchell en la novela:

Una nube de críticos, de antólogos, de comentaristas, oscureció la faz del saber y a la decadencia del genio no tardó en sumarse la corrupción del gusto

Mitchell cede la frase a su personaje, Cavendish, el editor, poco antes de que un escritor, que posteriormente se desvela como un delincuente que ha escrito sus memorias, defenestre al crítico que le ha hundido con su reseña.

La decadencia del genio y la corrupción del gusto.

No voy a decir que El atlas de las nubes sea una mala novela. Sí, quizás, que demuestra los síntomas del estado de nuestros gustos culturales en la actualidad.
El atlas de las nubes es lo que es. Una interesante novela. Emparejada, quizás circunstancialmente, con La casa de hojas. Un ejemplo de cómo el género fantástico se va infiltrando más y más, dejando de ser un subgénero menospreciado.

Pero… hay cierta endeblez en la estructura que nos presenta Mitchell. La cadena, el eslabón y bla, bla, bla. De las seis historias forman la novela, pocas de ellas sobrevivirían de forma individual. En algunos de ellos se recurre a tópicos habituales, lo que les convierte en reproducciones de lo más trillado de los géneros a los que Mitchell pretende rendir homenaje. Sí, nos divertimos, asistimos intrigados a las tramas, pero, finalmente, tenemos la sensación de haber leído con anterioridad todo lo narrado. Entiendo que esa es la intención de Mitchell, pero me hubiese gustado mayor ambición narrativa en la composición de los relatos. Que no fuesen remedos de los géneros a los que se refiere sino réplicas satíricas o qué-sé-yo…

Pues eso, que somos como los romanos.

Defenestradme.

(Los textos de la traducción de Ví­ctor V. Úbeda para Duomo Ediciones)
("A la mierda los romanos", según P. Tinto)

16/2/15

El congreso (de futurología, de Stanislaw Lem), de Ari Folman

La realidad. La Realidad. La “(R) (r)ealidad”

¿Por qué insistir (yo) en un tema gastado y efectivamente acotado por su definición?

Según la RAE realidad es la existencia real y efectiva de algo y define a su vez real como aquello que tiene existencia verdadera y efectiva.
La realidad como existencia “verdadera”
La Wikipedia se extiende algo más: La realidad (del latín realitas y éste de res, «cosa»), es el término lingüístico que expresa el concepto abstracto de lo real, es decir de aquello que en filosofía se refiere a lo que es auténtico, la inalterable verdad en relación -al mismo tiempo- al ser y la dimensión externa de la experiencia.

Una consulta al Ferrater Mora complica más las cosas.
La realidad, dicen unos, está sujeta a la experiencia. Lo Real es, en principio, inasible.
La realidad es subjetiva, otros.
Debe haber (existir) algo que sustente la última instancia de la realidad. Lo verdaderamente real, valga la redundancia.
El resto, queda supeditado a nuestra experiencia sensorial, verdadera o falsa.



Un grupo de científicos se reúnen para debatir ciertos temas de vanguardia cuando una revolución estalla y el despótico poder emplea armas psíquicas para desmantelar a la insurgencia. Los efectos de esas armas se vuelven contra los mismos que los emplean.

Una actriz madura con problemas familiares (¿la verdadera Robin Wright?) recibe la propuesta de ser escaneada bajo unas cláusulas contractuales que la impedirán actuar en lo que le resta de vida. En su lugar, el estudio se reserva el derecho de explotar a la actriz virtual llamada Robin Wright.

Veinte años después.

Ijon Tichy ha sido operado, congelado y devuelto a la vida en una sociedad completamente medicalizada. ¿Robin Wright es Robin Wright? Ya no es la actriz que se interpreta a sí misma de la primera parte de la película, sino un “dibujo animado” que se dirige al Congreso, donde descubriremos, al igual que de la mano de Tichy, que nada es lo que parece.
Realidad impostada.



Nos debatimos entre el horror y la aceptación. Sí, efectivamente, es una idea espantosa no ser capaces de distinguir la verdadera realidad. Pero desentrañar el misterio no nos hará más felices.

Tichy busca la forma de huir de un espantoso futuro en el que la felicidad y el bienestar son simulaciones. Robin Wright (¿o es la Robin Wright propiedad del estudio cinematográfico?... es decir, ¿lo que vemos es la realidad del personaje de la primera parte de la película o una película basada en el personaje Robin Wright?) (“personaje Robin Wright” porque no tiene nada que ver con las circunstancias personales de la persona, actriz, Robin Wright) puede encontrar cierta esperanza para su hijo en una realidad impostada a pesar de no estar conforme con ella.

Es una novela. Es una película. Es la realidad.

2/2/15

Institute Benjamenta, de los hermanos Quay

Institute Benjamenta, or This Dream People Call Human Life, es el título de la película que los hermanos Quay, Stephen y Timothy, estrenaron en 1995, basándose muy libremente en Jakob von Gunten y otros textos de Robert Walser.



Muy libremente.
El primer aspecto que hay que destacar es que es la primera película que los Quay rodaron sin emplear las técnicas de animación por las que son reconocidos.
El segundo es que parecen aportar una interpretación, o un par de ellas, al texto de Walser.
Por ejemplo, me pregunto si hay que considerar la procedencia de los alumnos del instituto (o simplemente coincide con el origen de los actores):
Auclair: Barcelonnette; Fridolin: Fisoloebede; Schilinski: Nyepertatikva. Jorgenson: Aarhus; Hebling: Fnetenberbel; Pepino: D'Agrigento; Iñigo: Euskadikoa.



Tengo que decir que ignoro a que lugar hacen referencia algunos de los toponímicos. Pero parece que los alumnos del Benjamenta fílmico se extienden por toda Europa, mientras que en la novela de Walser parece confinarse al espectro centroeuropeo.
Recordemos que el Instituto de la película imparte los conocimientos necesarios para convertirse en sirviente, algo que en la novela no es descrito tan explícitamente, sino que se acepta como posibilidad.
De hecho en el Instituto Benjamenta no se enseña nada.



En segundo lugar, el carácter de Jakob queda difuminado y sólo podemos contemplar su actitud. Lógico si pensamos que una narración en primera persona se convierte en una narración fílmica, es decir, externa al personaje. Kraus también se transforma. No lo contemplamos a través de los ojos de Jakob sino a través de la cámara, por lo que se convierte en alguien (algo) inextricable.

En tercer lugar, y quizás el logro más interesante de los Quay, es transformar la historia de (no) aprendizaje de Jakob von Gunten en una fantasmagoría en la que subyace cierta pulsión erótica centrada en Lisa Benjamenta.



Todas las libertades narrativas que se permiten los Quay son circunstanciales. Hay un personaje principal claro y evidente desde el inicio, desde el mismo título de la película: El Instituto Benjamenta. No los rectores del establecimiento, no sus alumnos. El mismo edificio.



Lo que los Quay nos proponen es adentrarnos en un mundo opresivo y herrumbroso, un lugar en proceso de descomposición cuyos días están contados, cuya decrepitud, que se extiende como el moho, es angustiosa y terminal.



La verdad es que la película es un maravilloso ejercicio de iluminación y composición. No intenta adaptar la novela de Walser porque no es posible. Crea un mundo nuevo, subsidiario del Jakob von Gunten, que permite una lectura paralela de la novela, pero constituyendo en sí misma un ente autónomo de los textos de Walser. Un brillante (y oscuro) homenaje.




Nieve.

1/2/15

Jakob von Gunten, de Robert Walser

[Amaneció todo nevado. No hay huellas en la nieve. No hay un cuerpo tendido en ella. Sigue nevando]

¡Qué sueño más horrible tuve hace unos días! Soñé que me había convertido en un hombre muy malo, perverso, ¿cómo así?, no lograba explicármelo. Era un ser brutal de pies a cabeza, un trozo de carne humana emperejilado, torpe, cruel. Estaba gordo y, por lo visto, las cosas me iban viento en popa. Anillos centelleaban en los dedos de mis deformes manos, y de mi barriga pendían, negligentemente, quintales de carnosa dignidad. Me sentía plenamente autorizado a impartir órdenes y dar rienda suelta a mis caprichos. A mi lado, sobre una mesa ricamente servida, brillaban objetos dignos de una voracidad y dipsomanía insaciables, botellas de vino y licores, así como los más refinados platos fríos. Me bastaba con estirar la mano, cosa que de rato en rato hacía. En los cuchillos y tenedores se habían pegado las lágrimas de mis enemigos ajusticiados, y al tintineo de los vasos se unían los sollozos de innumerables desgraciados; sin embargo, las estelas de las lágrimas sólo me hacían reír, mientras que los sollozos de desesperación adquirían un sonido musical a mis oídos. Necesitaba música para amenizar el banquete, y la tenía. En apariencia, había hecho excelentes negocios a costa del bienestar de otros, lo cual me producía un gozo profundo y visceral. ¡Oh, cómo me complacía la idea de haber dejado en el aire a varios de mis congéneres! Y cogí una campanilla y llamé. Un anciano entró..., perdón, se introdujo a rastras – era la sabiduría de la vida –, y a rastras se llegó hasta mis botas, para besármelas. Y yo se lo permití a ese ser degradado. Pensad un poco: la experiencia, principio noble y bueno entre todos, lamiéndome los pies. Es lo que yo llamo ser rico. Y como me vino en gana, volví a llamar, pues sentía, no sé bien dónde, un acuciante deseo de divertirme; y apareció una tierna jovencita, un auténtico bocado para un libertino como yo. Dijo llamarse ‘inocencia infantil’ y, mirando furtivamente el látigo que había a mi lado, empezó a besarme, lo que me reanimó a un grado increíble. El miedo y la corrupción precoz aleteaban en sus hermosos ojos de cierva. Cuando tuve bastante, volví a llamar y entró un joven esbelto y bello, pero pobre: el lado serio de la vida. Era uno de mis lacayos, y yo, frunciendo el ceño, le ordené que hiciera pasar a esa fulana, ¿cómo se llamaba?, ah, sí, las ganas de trabajar. Poco después hizo su entrada el empeño, y me di el gusto de asestarle a ese hombre íntegro, a ese trabajador de extraordinario físico, un sonoro latigazo en el centro de la plácida y expectante cara: ¡para morirse de risa! Y él, que era el afán, la prístina energía creadora, lo toleró sin protestar. Cierto es que luego le invité a un vaso de vino con gesto perezoso y altanero, y el pobre idiota bebió a sorbos el vino de la vergüenza. «Anda, trabaja para mí», le dije, y él obedeció. Luego compareció la virtud, figura femenina de una belleza avasalladora para todo el que aún no esté completamente congelado. Entró llorando; yo la senté en mis rodillas e hice disparates con ella. Cuando le hube robado su inefable tesoro, el ideal, la eché entre expresiones de sarcasmo y, a un silbido mío, se presentó Dios en persona. “¿Cómo? ¿Tú también?”, grité, y me desperté bañado en sudor.


Creo que el mensaje de Jakob von Gunten es explícito: “Huir de la cultura, ¿sabes, Jakob? ¡Qué gran cosa!”. La novela de Walser supone la exaltación de la mediocridad para alcanzar… ¿alcanzar, qué?... ahí se me desmorona el mensaje de Walser y me impulsa a buscar en el texto un significado alegórico.
Pero no lo encuentro.
¿No lo encuentro porque no lo hay o porque carezco de referencias contextuales sobre Walser?
Abandonó la escuela, abandonó el hogar familiar, tuvo varios trabajos no relacionados con la literatura…
¿Acaso no hay más que lo que el mismo texto muestra, la decisión voluntaria de impregnarse de mediocridad para sobrevivir?

“Esta idea, es decir, la de que, como todo hombre humilde, siempre podré comer mi pan cotidiano, me dejaría profundamente herido si aún fuese el antiguo Jakob von Gunten, el descendiente, el retoño de mi estirpe, pero me he convertido en algo totalmente distinto, en un hombre común y corriente, y esta transformación en un hombre común y corriente, que debo a los Benjamenta, me llena de una confianza indecible, perlada por el rocío de la satisfacción. He cambiado mi orgullo, mi sentido del honor. ¿Cómo he podido degenerar siendo tan joven? Aunque ¿será esto degeneración? En cierto sentido, sí; pero por otro lado es conservación de la especie”


La ironía que encierra el texto autobiográfico de Jakob von Gunten es que no se puede ser un hombre común y corriente, ser, además, consciente de ser un hombre común y corriente y ser un hombre nada común y corriente cuando escribe. El narrador de Jakob von Gunten no es un hombre común y corriente, pero se empeña en afirmárnoslo. Es una persona que ha hecho una elección y la mantendrá en su vida (voluntariamente mediocre), pero que sin embargo nos cede un texto en el que la mediocridad no está presente. De alguna manera Jakob nos engaña. No es un narrador infidente, porque cree verdaderamente en lo que dice.  Pero no olvida la ironía que encierra su situación. Podríamos decir que es una persona disociada. Por un lado abraza la mediocridad de la cotidianeidad, por otro la excelencia literaria.

Tal vez sea ese el significado alegórico, salvo que no es alegórico. ¿Alcanzar, qué? No hay nada que alcanzar. Es, simplemente, conservación de la especie. Después (al mismo tiempo) en otro nivel distinto, lejos de las “necesidades”, se encuentra la Literatura.

Gracias, Jakob von Gunten. Muchas gracias, Robert Walser.

[Sigue nevando. No hay pasos en la nieve]



Los fragmentos de Jakob von Gunten, de Robert Walser, en la traducción de Juan José del Solar, Debolsillo.

22/1/15

La infancia de Jesús, de J. M. Coetzee.

Antes de leer esta reseña INTENTAD NO PENSAR EN UN OSO POLAR.

Bien. En esta reseña no va a aparecer ningún oso polar. Es una idea vírica que se atribuye, como muchas otras frases, indistintamente a Dostoievski y a Tolstoi (a una de las muchas conversaciones que Tolstoi y su hermano, también Tolstoi, mantuvieron a lo largo de su vida en las que tantas cosas se dijeron para la posterioridad)
En esta reseña tampoco aparecerá El Juego. Ya sabéis, ese juego que acabáis de perder sí estáis leyendo esto. “Cuando uno piensa en El Juego, pierde”, es una de las reglas. Obviamente, perdí.
Pierdes si piensas en un oso blanco.
Pierdes si piensas en Jesús.
En la Patrulla de salvación (ese blog que nadie lee) recopilaron una serie de reseñas negativas de la novela de Coetzee (Lo últimode Coetzee es una cagada) en la que muestran a la Inteligentsia de este país obsesionada y condicionada con la idea del oso polar.

La infancia de Jesús de Coetzee tiene dos partes bien diferenciadas: La novela y el título. El título es una idea vírica implantada en la mente del lector que condiciona la lectura alegórica de la novela. Lo que hay que hacer es intentar no pensar en el oso blanco. Lo que hay que hacer es no pensar en el título. Y eso, ya lo sabemos, es imposible. Luego, hemos perdido.
Coetzee nos propone un viaje a una sociedad extraña. En todas esas reseñas que mencionan en la Patrulla, se desmenuza, a falta de otra idea, el argumento de la novela. Intentaré no redundar en ello. Sólo decir que se trata de una sociedad simple, incluso ingenua, en las que las necesidades básicas están garantizadas por el Estado, en la que se habla español, pero en la que la cuestión de si el loco está cuerdo y los locos son los cuerdos es considerada una cuestión de filosofía colegial. Lo que los críticos de la novela parecen aborrecer es que no hay grandes ideas en la novela de Coetzee, que sus personajes son simplistas, irritantemente básicos, que sus parlamentos son incongruentes, contradictorios y sin fundamento intelectual. Bienvenidos al mundo real, habría que decirles. Coetzee, desde luego, ya lo ha demostrado, no va a ponernos las cosas fáciles, no va a decirnos cómo debemos leer la novela, no va a decirnos cómo debemos interpretarla. Si los diálogos y los hechos resultan irritantes y contradictorios lo que debemos preguntarnos es por qué Coetzee nos los muestra así, cuál es su objetivo. Y por qué la obsesiva presencia del oso polar… quiero decir, la obsesiva posibilidad que se nos brinda cada poco de interpretar la novela en un contexto “bíblico” que, finalmente, resulta erróneo.

Y ahora pienso en el oso polar.

O no resulta erróneo, porque esa es otra cuestión: se puede interpretar la novela alegóricamente como una vida de Jesús, pero una especie de Jesús fallido, que quizás se acerque más a la verdadera vida de Jesús, no al Jesucristo mítico que se conoce a través de los evangelios, sino a la persona real y sus hechos, que fueron la base para el relato (exagerado, como todo relato) de la vida de Jesús que recoge la Biblia.
Y es que aunque nos empeñemos en no pensar en el oso polar que aparece en el título, la misma novela da pie a una interpretación bíblica. O, posiblemente, nos muestre una posible realidad que reinterpretada da origen a un mito. Lo que propone Coetzee, si pensamos en el oso polar, es cómo funciona la creación del pensamiento mítico partiendo de situaciones y hechos banales, que pueden a su vez ser interpretados en su misma prosaicidad o, mediante argumentos psicológicos, en nuestro caso reducidos a un caso de educación contraria a las normas establecidas. Un cuerdo entre locos. O al contrario. Ya sabemos que eso es filosofía de colegial.
La clave de esa interpretación es el Quijote que aparece en la novela, que tiene las siguientes características: a) es un texto abreviado para niños; b) su autor es un tal Benengelí, que aparece retratado con su característico turbante; c) el niño, David-Jesús-Oso Polar, aunque puede leer el texto, con limitaciones en el significado de algunas palabras, interpreta el libro a través de las ilustraciones que contiene; d) el niño no distingue entre realidad y ficción.

Y esto, señoras y señores, es sencillamente fantástico.




P.S.: La coda consecuente al oso polar sería buscar el referente de la novela.

9 Quien tiene oídos para oír, oiga. 10 Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 Y él respondiendo, les dijo: Por que á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido. 12 Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no miraréis. 15 Porque el corazón de este pueblo está engrosado, Y de los oídos oyen pesadamente, Y de sus ojos guiñan: Para que no vean de los ojos, Y oigan de los oídos, Y del corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane. 16 Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oír lo que oís, y no lo oyeron.
Mateo 13:9-17: La Biblia Reina-Valera.

En fin, mitos sin fundamento.

No pensemos en el oso polar.