Kurt Vonnegut falleció tras sufrir una caída en su domicilio que le causó una lesión cerebral irreversible
“El punto más alto que podamos encontrar en la ficción experimental de los Estados Unidos” (David Foster Wallace)
David Foster Wallace se suicidó, ahorcándose en el garaje de su casa
“Nadie, excepto Beckett, puede ser tan divertido y tan triste al mismo tiempo” (Ann Beattie)
Samuel Beckett está enterrado en el cementerio de Montparnase junto a Suzanne, con una simple lápida «De cualquier color, siempre que sea gris.»
Esto lo digo yo, no Markson.
David Markson murió en la cama. El cuerpo fue encontrado por sus hijos.
"Diacronía diegética", dice Markson (Autor, Lector, Protagonista)
Cuando topamos con un texto tan poco usual como éste la pregunta que inevitablemente uno se hace es qué es La soledad del lector. Después de darle muchas vueltas me decidido a no detenerme en lo que La soledad del lector no es y me atrevo a afirmar que estamos ante una Novela Indirecta.
Vayamos a las raíces:
Definición de la RAE:
Novela.
(Del it. novella, noticia, relato novelesco).
1. f. Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.
La soledad del lector cumple los requisitos de la definición de novela. Aunque estructuralmente difiere radicalmente del concepto popular de novela.
Añado “Indirecta” porque no trata explícitamente de unos hechos y porque, en un sentido tradicional comúnmente aceptado, La soledad del Lector “no cuenta nada”
Pero existe una suerte de trama en el interior del texto, que tiene como actantes al Lector y al Protagonista, “una trama no lineal, discontinua, en forma de collage” que avanza (si es que lo hace) entre interrogaciones. No es tanto una trama como la posibilidad de una trama.
Y una trama autorreferencial que se apela e intenta definirse a sí misma desde el interior de sus páginas. Así en las páginas 80 y 180 leemos casi la misma frase: “¿Una novela de referencias y alusiones intelectuales por así decirlo, pero casi sin novela?”
Y en la 185: “Obstinada en sus referencias cruzadas y de críptica sintaxis interconectiva, en todo caso”
“Y que, como desafío personal adicional, no permita que ninguno de sus mishigases intelectuales sea material que el Lector haya usado antes en alguna parte”
El Lector, así con mayúsculas. Al igual que El Protagonista. De hecho en algún momento de La soledad del Lector (debe ser así, Lector, aunque la grafía del título original Reader’s Block, no ayuda a discernirlo) hay cierto trasvase de objetos personales entre el Lector y el Protagonista y en todo momento de la novela el Lector es equiparable al Autor.
El Autor como primer lector.
Como no hay trama, me pregunto si un comentario sobre el texto de Markson no implicará también una serie de preguntas, una posibilidad de comentario.
Y en esa dicotomía-identificación Lector-Autor (que va de Markson hasta nosotros) preguntamos: ¿Es La soledad del Lector la demostración práctica de la intoxicación de los paratextos? No me refiero únicamente a los paratextos comerciales con los que se intenta promocionar una novela (he puesto al inicio los que acompañan a la edición de La Bestia Equilátera y las paradojas que provocan) sino a todos aquellos datos que acumulamos en torno a los autores que leemos, a lo que hicieron y dijeron.
¿Es posible leer el relato Spotted horses, que pertenece a El Villorrio, donde aparecen los caballos incabalgables de Flem Snopes, sin recordar que Faulkner murió a consecuencia de las lesiones producidas por una caída de caballo?, ¿es posible leer las numerosas menciones que hace David Foster Wallace sobre el suicidio en todos sus textos sin que inmediatamente recordemos el suyo?
¿Lucía Joyce, los hijos de Mann, los hermanos de Wittgenstein?
¿las cuarenta y dos editoriales que rechazaron Murphy de Beckett?
¿Robinson Crusoe nada desnudo hasta el pecio y vuelve con los bolsillos llenos de galletas?
Todo aquello que nos perturba, que nos influye, aquello que no sabemos que sabemos y que en cierta manera interfiere en nuestra lectura. Todo lo que rodea al acto de la lectura, una actividad solitaria durante la cual cientos de voces nos hablan en nuestra cabeza.
En La soledad del Lector aparecen intercaladas, a modo de breves notas, los siguientes temas extradiegéticos referidos a autores:
Suicidios
Muertes accidentales
Frases y citas (“333 citas no atribuidas” dice el texto)
Nombres de personajes
Curiosidades y extravagancias
Antisemitismo
Trabajos no relacionados con la actividad artística
En el fondo se apela al Lector Ludens. Y como lector ludens debo confesar que la lectura de La soledad del Lector es toda una experiencia gratificante. Y también que es imposible trasmitir esas sensaciones aquí.
Porque en última instancia los lectores somos seres solitarios y hemos venido a este lugar porque allá no tenemos ninguna clase de vida y alguien nos saludó por la calle con la cabeza y nos preguntamos ¿quién? ¿me saludó a mi o a él? Y acabamos viviendo en un caserón desvencijado desperdiciando el poco tiempo que nos queda dando paseos por las dunas desiertas y acabamos en el cementerio intentando descubrir nuestro nombre en alguna de las lápidas. Y la memoria tiene tanta importancia como la narrativa; de hecho la memoria no distingue que recuerdos pertenecen a la realidad.
Me da la sensación de que lo que Markson quiere reflejar con esta ingente cantidad de datos que se suceden como un mantra hipnótico y subyugante a lo largo de La soledad del Lector es tanto la inutilidad como la importancia de la literatura en nuestras vidas. Es difícil interrumpir la lectura de este texto porque fluye como el tiempo y verdaderamente nos aísla del entorno y nos sumerge en la esencia de la narrativa. No es una novela y no es una no-novela, y no es un non-sense porque acumula todo el sentido que la narrativa puede tener, pero despojada de sentido.
Y sí, los Lectores somos seres patéticos y desolados.
“Ayer alguien saludó a Raskolnikov con la cabeza por la calle”
“He venido a este lugar porque allá no tenía ninguna clase de vida”