17/12/14

Hace poco tiempo

Entro en una librería y deambulo mirando las estanterías buscando algún título, alguna novela que me apetezca leer de forma especial. Nada. No encuentro nada que me interese. Acabo comprando una novela de Modiano, Accidente nocturno, la última publicada por Anagrama aunque fue escrita en 2003. Las novedades suelen tener 10 años por aquí… como mínimo. 
A todo esto es una buena novela. Aunque no despierta en mí interés por seguir leyendo a Modiano. 
Creo que es un síntoma de mi progresiva perdida de entusiasmo.
No es cuestión de este último año en otra ciudad. Es algo que arrastro desde hace bastante tiempo. Gaddis fue la excepción. Markson fue la excepción. Vollmann fue la excepción. Munro fue la excepción. Gombrowicz fue la excepción. Danielewski fue la excepción. El resto de mis lecturas ha sido en su mayor parte placenteras, pero sin esa emoción que me impulsa a querer ir más allá de los textos.
Exagero.
Pienso, por ejemplo, en alguien que en su momento me produjo una emoción parecida. No es un nombre tomado al azar. Deliberadamente elijo a un autor casi olvidado. Me pregunto si sería capaz de volver a leer a Joan Perucho. Es decir, si volviese a leer a Perucho (Les histories naturals, Les aventures del cavaller Kosmas, et al.), ¿volvería a sentir esa emoción? Si dentro de diez años decido releer a Markson ¿volvería a sentir esa especie de revelación que me han producido sus no-novelas?
El transcurso del tiempo es verdaderamente repugnante.
Mata el entusiasmo. 
O ¿acaso se pierde?
Tampoco siento ningún entusiasmo al escribir (si es que alguna vez lo he sentido) Pero esa es otra cuestión.
Tengo una lista de lecturas sin comentar. ¿Debería desenterrarla? Porque si no me entusiasma comentarla tal vez tampoco os interese leerla. Ni las novelas que comento por pura desidia. 
La verdad es que todo esto (el blog, las novelas que comento) tiene más que ver conmigo que con las novelas que leo y comento y no comento.
La verdad es que cada día estoy más cerca de estar muerto y cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien y ya tengo decidido que la última novela que leeré será La educación sentimental de Flaubert.
(Escritores que dejan de escribir. ¿Lectores que dejan de leer?)

Voy a intentarlo. No me culpen.

Mediocristán es un país tranquilo, de Luis Noriega no tiene distribución en España a pesar de que su “anterior” novela, Donde mueren los payasos, si que la tuvo. Mediocristán es mucho mejor que la sátira de los payasos. Bastante mejor. Además bastante más cercana a los que vivimos aquí que la lejana parodia que retrataba Donde mueren los payasos. Bastante más ácida y cruel.

Pensé que tras leer Una cuestión personal de Kenzaburo Oé, no volvería a leer nada más del autor japonés debido a la fuerte conmoción que me produjo su lectura. Gracias a Gonzalo Torné he vuelto a Oé, a una de sus primeras novelas, La presa. No tan contundente como Una cuestión, pero igualmente perturbadora. Lo mejor es la transformación del narrador, tanto emocionalmente como estilísticamente, a lo largo de la novela.

(¿He comentado alguna vez que padezco una especie de narcolepsia provocada por la lectura? Resulta frustrante despertarse por el ruido del volumen que con tanto interés había estado intentando leer cayendo al suelo. Por eso no suelo usar el e-reader.)

Despegue, de Javier A. Moreno. Quizás algún día todos los libros infantiles sean como este. Ya de entrada reconozco que llamarlo “libro infantil” es un completo error. No voy a decir que es una historia maravillosa, porque ya sabéis que Javier es mi amigo y no ibais a creerme.

Mamut, de Esther García Llovet. Una interesante novela negra. Un más que notable guión para una película de corte lynchiano.

(Picor de ojos, necesidad de una luz directa, preferiblemente natural, dificultad para leer cierto tipo de impresiones tipográficas bien por su claridad, bien por su tamaño)

Mimodrama de una ciudad muerta, de Álvaro Colomer. Interesante. Oscura y al mismo esperanzadora. Todos necesitamos cierto tipo de redención para librarnos de nuestros fantasmas. La literatura en una forma de redención.

En Diario de un hombre engañado de Pierre Drieu La Rochelle hay un relato magnífico. No recuerdo su título.

(La memoria es un lastre: Pesa y su contenido es apenas distinguible. Solo me sirve para saber que he vivido o que creo haber vivido. Pero como dijo Gaff, ¿quién vive?)

Me está costando mucho entrar en La hoguera pública de Coover. Me cuesta mucho contemporizar con sátiras políticas de un tiempo que no me pertenece. Me cuesta mucho aceptar a Richard Nixon como narrador. Entiendo el juego que nos propone Coover al focalizarlo todo sobre los delirios del infidente Tricky Dicky, comprendo el mérito de sostener una narración tan arriesgada. Pero el contexto se me escapa. Me ocurrió algo parecido con Nuestra pandilla de Roth. Demasiado lejana a mi realidad. Aunque jamás le exijo realidad a la ficción.

Los hermosos años del castigo, de Fleur Jaeggy. Cómo no fascinarse por una novela que comienza así:

A los catorce años yo era alumna de un internado de Appenzell. Lugares por los que Robert Walser había dado muchos paseos cuando estaba en el manicomio, en Herisau, no lejos de nuestro instituto. Murió en la nieve. Hay fotografías que muestran sus huellas y la posición del cuerpo en la nieve. Nosotras no conocíamos al escritor. Ni siquiera nuestra profesora de literatura lo conocía. A veces pienso que es hermoso morir así, después de un paseo, dejarse caer en un sepulcro natural, en la nieve de Appenzell, después de casi treinta años de manicomio en Herisau.

De una sencillez deslumbrante, la breve novela de Jaeggy resulta breve. Quisiéramos más de esa narración que oculta más que muestra, sincera e infidente al mismo tiempo. Salimos de la novela con la misma velocidad a la que entramos. Hubiese querido más.

(También sufro cierta parestesia en los dedos que me impide mantener durante mucho tiempo la misma posición de mis manos y brazos)

Con Clarice Lispector me pasa lo mismo. Sus relatos me entusiasman pero no acaban de llenarme. Cuando me doy cuenta ya he sido expulsado de la narración. Felicidad clandestina. Silencio.

Tengo que confesar que no entendí absolutamente nada de En Grand Central Station me senté y lloré, de Elizabeth Smart. 

(Es una muestra de la creciente obtusidad que me invade)

¿Es esto todo lo que quería contar? Seguramente no. Ni recuerdo lo que quería contar.

Leer (y escribir) sigue siendo una necesidad. No concibo la vida sin lectura. Sigo transportándome a increíbles mundos reales a través de la lectura. Pero quizás soy demasiado grávido. No logro despegarme de la Realidad.
Y la Realidad dice cosas que no quiero escuchar. 

(Habla de entumecimiento y sopor)

9/12/14

Tal día como hoy, hace diez años.

De la entrevista concedida a Nabokov a Paris Review, en octubre de 1967:

El poshlust, o poshlost en su transliteración más exacta, tiene muchos matices, y si usted cree que se puede preguntar a cualquiera si le tienta el poshlost, evidentemente no lo he explicado con suficiente claridad en mi librito sobre Gogol. Basura cursi, vulgares clisés. “Filisteísmo” en todos sus aspectos, imitaciones de imitaciones, falsas profundidades, pseudoliteratura tosca, deficiente y deshonesta…ésos son los ejemplos obvios. Ahora bien si deseamos restringirnos a los escritos contemporáneos, tenemos que buscar el poshlost en el simbolismo freudiano, las mitologías apolilladas, el comentario social, los mensajes humanistas, las alegorías políticas, la preocupación excesiva por la clase o la raza, y las generalidades periodísticas que todos conocemos. El poshlost se manifiesta en conceptos tales como “Norteamérica no es mejor que Rusia”, o “Todos participamos de la culpa de Alemania”. Las flores del poshlost se dan en frases y términos como “el momento de la verdad”, “carisma”, “existencial” (empleado seriamente), “diálogo” (aplicado a conversaciones políticas entre naciones), y “vocabulario” (aplicado a un mamarrachista). Enumerar de un tirón Auschwitz, Hiroshima y Vietnam es poshlost sedicioso. Pertenecer a un club muy selecto (y que ostenta un solo nombre judío… el del tesorero) es poshlost, elegante. Los comentarios críticos mercenarios frecuentemente son poshlost, pero éste acecha también en ciertos ensayos petulantes. El poshlost llama gran poeta al Sr. Vacío y gran novelista al Sr. Fanfarrón. Uno de los viveros favoritos de poshlost ha sido siempre la exposición de arte; allí lo producen los llamados escultores que trabajan con herramientas de derribar, construyendo cigüeñales cretinos de acero inoxidable, estereotipos zen, cosas raras de poliestireno, objetos trouvés en letrinas, balas de cañón, albóndigas en conserva. Allí admiramos las muestras de las paredes de gabinetti de los llamados artistas abstractos del surrealismo freudiano, los borrones rugientes y las manchas de Rorschach… todo ello tan cursi por derecho propio como las académicas “mañanas de septiembre” y las “ramilleteras florentinas” de hace medio siglo. La lista es larga y, claro está, cada uno tiene su bête noire, su pesadilla dentro de la serie. La mía es ese aviso de una línea aérea: el refrigerio servido por una moza servicial a una pareja joven… ella con la mirada extática clavada en el canapé de pepinos, él admirando anhelante a la azafata. Y, desde luego, Muerte en Venecia. Ya ve el alcance.


Opiniones contundentes, traducción de María Raquel Bengolea para Taurus.


Opiniones contundentes, traducción de María Raquel Bengolea para Taurus.


El blog El lamento de Portnoy acumula 10 años de poshlost y lo celebra repitiendo un post.

¡Larga vida a la trivialidad!

Y recordad: Cuando un letrero indique "Usted está aquí", no estáis dentro del letrero. 

30/11/14

Los reconocimientos, de William Gaddis (recopilación)

Así a posteriori, desde la distancia, desde la asimilación de un texto, desde desde que se inicia ese lapso de tiempo en el que la memoria convierte en algo tuyo, propio, una obra ajena, (no desde la emoción suscitada por la reciente lectura), puedo pensar que lo que Gaddis quería decirnos es que nuestra sociedad es demasiado frágil para contener una obra maestra. Me refiero a una auténtica obra maestra. Ya sabemos, lectores gaddisianos, fanáticos (pues no puede ser de otra manera), que la ejecución de una obra maestra trae consecuencias desastrosas.
Los reconocimientos de Gaddis es una novela demoledora. La sociedad la seguirá ignorando porque de otra forma deberían rendirse ante la evidencia: NO se puede escribir como Gaddis, NO se puede construir una narración como lo hacia Gaddis. Y no solo eso, todas nuestras novelas, todos nuestros textos, todos nuestros relatos, palidecen a la sombra de la inmensidad narrativa de Gaddis.
Si la sociedad reconociese la existencia de una auténtica obra maestra, la producción artística en ese campo debería detenerse necesariamente para siempre. O hasta la aparición de una nueva obra maestra.
Para eso hay que establecer una interminable cadena de intento-fracaso hasta que el feliz suceso ocurra de nuevo.

Inciso:
Franzen llamó a su novela Las correcciones en homenaje a Los reconocimientos de Gaddis (cada vez que escucho alguna de sus declaraciones me cae peor)
En fin.

Por fin el día ha llegado. Sexto Piso ha recuperado la traducción que Juan Antonio Santos hizo de la novela de Gaddis y le ha añadido el fantástico prólogo de William H. Gass.

Sinceramente yo no dejaría pasar la ocasión de tener/leer esta magnífica novela. 

Aparte de lo que escribí en su momento, poco más puedo añadir:


29/11/14

Homeopatía; Dickens, 1838



EL PROFESOR MUFF se refirió a una muy extraordinaria y convincente demostración de la maravillosa eficacia del sistema de dosis infinitesimales, que, como sin duda sabía el comité, se basaba en la teoría de que mínimas cantidades de cualquier medicina adecuadamente distribuidas por el cuerpo humano, darían exactamente el mismo resultado que una dosis muy alta administrada de la forma habitual. Así, se suponía que la decimocuarta parte de un grano de cloruro mercurioso era equivalente una píldora de cinco granos, y así sucesivamente con todas las clases de medicinas. El profesor había probado el experimento de una forma muy curiosa con el dueño de una taberna al que habían llevado al hospital con una fractura en la cabeza, y al que curó con el sistema infinitesimal en el increíblemente corto espacio de tres meses. Este hombre era un bebedor empedernido. Él (el profesor Muff) había diluido tres gotas de ron en un cubo de agua y le había pedido al hombre que se lo bebiera todo. ¿Cuál fue el resultado? Antes de haberse bebido un cuarto de galón ya estaba en estado de espantosa intoxicación etílica. Y otros cinco hombres se emborracharon como cubas con lo que quedaba.
EL PRESIDENTE quiso saber si con una dosis infinitesimal de gaseosa se habrían recuperado. El profesor Muff contestó que la vigésimo quinta parte de una cucharilla de postre, adecuadamente administrada a cada paciente, les habría quitado la borrachera de inmediato. El presidente comentó que aquél era un descubrimiento importantísimo y que esperaba que el Lord Mayor y los concejales lo apoyaran sin demora. Un miembro rogó que se le informara sobre si sería posible administrar, por ejemplo, la vigésima parte de una pizca de pan con queso a todos los pobres adultos, y la cuadragésima parte a los niños, con resultados tan satisfactorios como los presentados.
EL PROFESOR MUFF se mostró dispuesto a poner en juego su reputación profesional para demostrar la idoneidad de tal cantidad de comida para el sostenimiento de la vida humana… en los hospicios; aunque añadiendo la decimoquinta parte de una pizca de pudin dos veces a la semana se obtendría una dieta más rica.
 

 Los papeles de Mudfog; Charles Dickens. Traducción de Ángeles de los Santos para Editorial Periférica.

3/11/14

Al límite, (Bleding Edge), de Thomas Pynchon

Le tomo prestada la afirmación que Juan Francisco Ferré dejó hace unos días en twitter: “Algún día los historiadores más serios recurrirán a Pynchon para entender el devenir americano en la historia occidental” y ordena las novelas de Pynchon en orden cronológico: Mason & Dixon, Contraluz, V, El Arco Iris De Gravedad, La Subasta Del Lote 49, Vicio Propio, Vineland y Al Límite.

Visto desde esta perspectiva no podemos negar que la obra de Pynchon abarca la totalidad de la historia estadounidense, desde su fundación hasta la caída de las Torres Gemelas. Sin poder afirmar que lo que hace sea novela histórica, sobre todo desde que se ha convertido en una especie de subgénero en el que tiene acogida parte de lo peor y parte de lo más vendido, sin que una cosa excluya a la otra, de la narrativa contemporánea, si podemos decir que sus “ficciones históricas”, con toda la carga de ironía y delirios fantásticos que llevan, constituyen lo que afirma Ferré, una especie de panel histórico que muestra no tanto la Historia que reflejan los textos académicos, sino esa especie de infrahistoria que no tiene cabida en ellos.

Al límite, (¡Bleeding edge, cojones!) es una panoplia de situaciones que ocurren en torno a la época del ataque al World Trade Center. Y uso deliberadamente panoplia porque muestra una serie de “armas” empleadas para desestabilizar la sociedad o para encontrar resquicios en el sistema para enriquecerse. Desde la injerencia encubierta de instituciones gubernamentales estadounidenses en Centroamérica, hasta el ataque terrorista, desde los hackers, independientes o contratados por el gobierno, hasta las burbujas financieras, desde los fraudes hasta las conspiraciones. 
Lo bueno de Pynchon es que sabe que no debe profundizar en este tipo de cosas sino mostrarlas simplemente a través de las aventuras personales de cada uno de los (¿cientos?) de personajes que pueblan la novela. Esto consigue un tono de profundidad, y quizás de denuncia, al mismo tiempo que un aire de liviandad irónica que constituye la marca personal del autor. Intenta abarcarlo todo a través de una sucesión de anécdotas y esa dualidad convierte a Al lím.. Bleeding edge en una novela amena y apreciable. Pero, lo que está claro es que no es una de las grandes novelas de Pynchon. Parece que ha decidido abandonar sus monumentales novelas “históricas” para volver, con ésta y ViciInherent Vice, a lo que ya abordó en Vineland, novelas de falso género noir que retratan una época determinada.
Sigue siendo Pynchon. Un autor, eso sí, que demanda que entres en su juego paranoico-conspiratorio y que no te pide nada más, como lector, que te entregues y disfrutes.
¿Seguro?
No. Hay algo más en las novelas de Pynchon. Algo que las hace destacar sobre el resto. Pero está oculta entre sus páginas… así que no solo disfrutes leyendo. Investiga.

(La verdad es que los que admiramos a Pynchon acabamos pareciendo miembros de una secta. Somos lectores fanáticos y, por tanto, poco fiables cuando recomendamos una de sus novelas. Somos lectores paranoicos dispuestos a creer toda conspiración que Pynchon desvela. Y lo somos porque la realidad siempre nos sorprende imitando a la ficción. Tengo que confesar una cosa, creo haber visto a Mohamed Atta en 2001. Y eso que podría parecer algo descabellado coincide con la cronología de sus pasos por el mundo… tal vez Atta, su fotografía, se haya instaurado en el subconsciente colectivo tras los ataques al WTC… pero comparto esa seguridad, la de haberle visto, con otra persona de absoluta confianza… y ahora la protagonista de Al lím… de Bleeding Edge también puede haber coincidido con Atta… o es otra broma de nuestro conspiranoico favorito:  

Ya en el taxi de vuelta a casa, por la radio suena una ruidosa cháchara en árabe, que Maxine al principio toma por un programa de llamadas de oyentes, hasta que el taxista coge un auricular y se une a la charla. Ella mira la tarjeta de identificación fijada en el plexiglás. La cara de la fotografía es demasiado borrosa pata distinguirla, pero el nombre es islámico, Mohammed no sé qué. 

Es como oír una fiesta desde la habitación de al lado, aunque Maxine se fija en que no hay música ni risas. Emoción intensa, sí, pero más cerca de las lágrimas o la rabia. Hombres que se pisan al hablar, gritando, interrumpiéndose. Un par de las voces podrían ser femeninas, aunque más tarde le parecerá que pertenecían a hombres de voz aguda. La única palabra que Maxine reconoce, y la oye más de una vez es Inshallah.

 —“Lo que sea” en árabe —dice Horst asintiendo con la cabeza. 

Están parados en un semáforo, esperando. 
—Si Dios quiere —le corrige el conductor, medio volviéndose en su asiento, de manera que Maxine de repente puede mirarle directamente a la cara. Lo que ve en ella hará que le cueste conciliar el sueño. O al menos así lo recordará”)

De la traducción de Bledding Edge, Al Límitede Vicente Campos, para Tusquets.

Ah, y aquí un agradecimiento autoreferencial a José Luis Portero, lector razonablemente cabreado, por su búsqueda del fragmento correcto:

24/10/14

Al límite, de Thomas Pynchon

Bleeding edge: Dícese de aquella tecnología aún en desarrollo cuyo uso puede comportar un gran riesgo o un elevado coste. Un filo cuyo uso (desconocido) puede provocar una sangría (económica, principalmente… siempre hablamos de economía… de crear burbujas y dejar que exploten en las narices de la ciudadanía… de crear una serie de condiciones ficticias que permitan un desmedido flujo de capital sin límite (no tanto financiero, que parece no existir, sino moral, ético y todas esas zarandajas sociales de las que parecen reírse los prebostes del capital (sólo así, sin un límite moral, pueden entenderse las actitudes personales de aquellas personas al frente de entidades financieras y económicas que, supuestamente deben velar para que precisamente esas cosas no ocurran (referencia obvia (literaria) Karnaval de Juan Francisco Ferré (si no fuera redundante, qué gran novela hubiera podido ser una protagonizada por Rodrigo Rato en lugar de Strauss-Kahn))) sin importar las consecuencias sociales que se deriven de ellas… el capitalismo debe seguir en marcha… de hecho, el capitalismo no es más que un sistema que se reinventa a cada momento para seguir funcionando a pesar de sus limitaciones, una especie de “Ultimate machine” cuya única función es apagarse a sí misma y volver a encenderse, precisamente destrozando esos límites… como ejemplo serviría la reutilización de los tratados de libres comercio que se negocian en la actualidad… ya no es preciso que las multinacionales derroquen gobiernos (al amparo de oscuras facciones de servicios de inteligencia)… la política (local, nacional, internacional) ha perdido todo vestigio de ideología y se ha convertido en política económica… son los propios gobiernos de los estados los que, condicionados por su propia incapacidad para comprender la (iba a poner Maldad, así, con mayúscula) del sistema económico y financiero quienes están creando los instrumentos para delegar el Poder en las empresas multinacionales y las entidades financieras… por ejemplo el TTIP (


Más grande AQUÍ ) “Su objetivo principal es la eliminación de las “barreras” regulatorias, dicho de otro modo, acabar con las normas sociales y medioambientales que constituyan “barreras” a la libertad de comercio y de inversión y se “interpongan” en el flujo transatlántico”… … al parecer los tratados de libre comercio los negocian estados y empresas al margen de la ciudadanía, llegándose a dar casos de presiones para que países reacios acepten las condiciones: “La UE amenazó a Ecuador con eliminar ayudas al desarrollo si no aceptaba el libre comercio”  y convierte a las empresas multinacionales en gestoras de la economía y políticas nacionales: "Este tipo de procedimientos ha sido ya incluido en muchos acuerdos comerciales, y su utilización por parte de las multinacionales para atacar normas de protección de la salud, del medio ambiente, laborales, etc... no se ha hecho esperar. Que se sepa, se han presentado más de 500 demandas contra al menos 95 países. Entre ellas es conocido el caso de la tabacalera Philip Morris que reclama al Gobierno australiano miles de millones de dólares como indemnización por las pérdidas derivadas de la norma que en Australia prohíbe la publicidad en los paquetes de cigarrillos. Es también el caso de la empresa francesa Veolia, que demandó al Gobierno egipcio porque, entre otras cuestiones, sus márgenes de beneficio se vieron reducidos por la aplicación de un salario mínimo en el país" (por Laura Gonzalez de Txabarri, en Rebelión)  las empresas se constituirán en estados supranacionales por encima de los gobiernos locales… y esto qué nos deja… nada, ni siquiera la paranoia… cómo asombrarnos con las teorías conspiratorias si la realidad demuestra que no son más que un pedazo de la realidad que nos imponen esos entes llamados Mercados… hay algo insano, algo autodestructivo, algo que nos arrastrará a todos a las cloacas… mierda… perdón… me he dejado llevar… se supone que iba a hablar de la novela de Pynchon… ya escribiré la reseña (o lo que sea) otro día, que la novela me ha gustado y me ha sugerido muchas cosas)

18/10/14

La espada de los cincuenta años, de Mark Z. Danielewski

LEDL50A NO ES UNA NOVELA

Es la “transcripción” de la puesta en escena de un recitado coral a cinco voces que solo se representa la noche de Halloween. O bien, la traslación narrativa de un bordado sobre una tela gris con hilos de cinco colores. O bien, la representación del aturdimiento olfativo que provocan en una habitación en penumbras velas impregnadas con cinco olores distintos.



LEDL50A NO ES UN CUENTO PARA NIÑOS

Es un cuento para niños narrado por un ser maligno, por “una sombra proyectada por nada más que la propia oscuridad”. Es un cuento para niños interceptado por adultos a punto de cumplir cincuenta años. Es un cuento para niños en el que la maldad ancestral se enfrenta a la maldad mundana. No. No es un cuento para niños.



LEDL50A NO ES UN LIBRO OBJETO

No lo es en la medida en que no solo el libro, como objeto artístico, tiene importancia. Hay un equilibrio premeditado entre lo que la narración cuenta y la forma en que lo hace, yendo más allá de la estructura narrativa convirtiendo las mismas páginas (en este caso las impares) como ya ocurría en La Casa de hojas y la composición tipográfica en parte fundamental de la narración.



LEDL50A ES UN LIBRO OBJETO

En la medida en que se puede considerar que contiene una narración mínima (una buena narración, todo hay que decirlo) adornada con elementos extraliterarios que en sí mismos, ateniéndonos al simple texto desnudo, no aportan nada. Pero es el conjunto, la unión de todos sus componentes (la narración oral y los elementos bordados), lo que conforma LEDL50A. No el texto, no los elementos visuales-táctiles. Todo.

Por eso:

LEDL50A SERÁ VILIPENDIADA

O amada irracionalmente.




(Dejad que vuelva a acariciar las protuberancias de la portada, dejad que vuelva a perderme en el marasmo de sangre que salpica sus páginas, dejad que vuelva a abrir ese cofre con cinco candados, dejad que me pierda en desiertos, bosques y montañas… dejadme a solas con esta maravilla)

16/10/14

Werckmeister harmσniαk / Melancolía de la resistencia; Bela Tarr y László Krasznahorkai



Esta es, más o menos, la historia: A un pueblo, que es una ruina tanto física como moral, llega de noche un enorme carromato que lleva en su interior el cadáver disecado de una ballena como parte del supuesto espectáculo de un circo. Instalado en una plaza céntrica, el circo congrega a una multitud silenciosa de hombres, llegados no sé sabe de dónde y del propio pueblo, que esperan la aparición del Príncipe, la otra atracción del espectáculo, que incita con sus palabras a una revolución caótica y destructiva.



Una sinopsis no puede dar una idea de cómo se desarrollará la historia dependiendo quién nos la cuente. Y nada puede ser más diferente que la forma de narrar de Krasznahorkai (literaria, digresiva, irónica) y Tarr (cinematográfica, silenciosa, perturbadora). Sin embargo ambos logran trasmitirnos lo mismo, la idea desoladora de que no existe un orden divino que regule la existencia. La prueba de ello es el desorden violento que se produce tras la revuelta de “los hombres del circo”, pero eso, a pesar de ser la parte importante del relato de Tarr y Krasznahorkai, no deja de ser anecdótico, resulta ser la consecuencia del relato, la demostración de la tesis. La verdadera idea tanto de la película como de la novela se desarrolla en dos escenas, una en la taberna, donde János Valuska, que según avanza la historia vislumbramos como el verdadero foco narrativo, representa junto a los alcoholizados clientes el movimiento de los planetas alrededor del Sol, intentando que entiendan la grandeza y el orden que rige todo aquello que está por encima de lo humano, y la digresión-discurso de György Eszter sobre las Armonías de Werckmeister, una serie de sistemas de afinación creados por Andreas Werckmeister y que viene a demostrar que la belleza (musical, en este caso) está sujeta a una primigenia arbitrariedad. Tanto Valuska como Eszter entenderán, a su manera, como una monstruosidad la ballena disecada, pero serán los únicos, también cada uno a su manera, que a través de la ballena, percibirán el carácter prosaico de la existencia.




Personalmente me siento condicionado por haber llegado a la historia primero a través de Krasznahorkai, lo cual me ha privado de la sorpresa que supone cada film de Tarr. Mientras estoy viendo la película, anticipo los discursos y las acciones de los personajes y es en aquellas escenas puramente cinematográficas a las que nos tiene acostumbrados Tarr donde caigo admirado (la caminata de Janos, el tráveling lateral con el que avanzamos junto a Eszter y Valuska por la calle ventosa, la marcha implacable de la multitud…) Conocer la historia supone un escollo a la hora de admirar plenamente una obra como la de Tarr, y eso a pesar de que la historia no es tan importante a la hora de valorar la “belleza” artística. Pero, de alguna manera, percibía que estaba perdiendo algo en el visionado de la película, o que, todo aquello que te sugiere las películas de Tarr, estaba condicionado a la lectura de Krasznahorkai. Y es que Melancolía de la resistencia ha sido una experiencia literaria que ha desbordado toda expectativa.




No sé, habrá que idear una forma de ver a Tarr y de leer a Krasznahorkai sin que sus innegables genios interfieran. Complicado.

8/10/14

Nat Tate 1928-1960: el enigma de un artista americano, de William Boyd

To Brooklyn Bridge (Proemio a The Bridge); Hart Crane:

How many dawns, chill from his rippling rest
The seagull’s wings shall dip and pivot him,
Shedding white rings of tumult, building high
Over the chained bay waters Liberty--

Then, with inviolate curve, forsake our eyes
As apparitional as sails that cross
Some page of figures to be filed away;
--Till elevators drop us from our day . . .

I think of cinemas, panoramic sleights
With multitudes bent toward some flashing scene
Never disclosed, but hastened to again,
Foretold to other eyes on the same screen;

And Thee, across the harbor, silver-paced
As though the sun took step of thee, yet left
Some motion ever unspent in thy stride,--
Implicitly thy freedom staying thee!

Out of some subway scuttle, cell or loft
A bedlamite speeds to thy parapets,
Tilting there momently, shrill shirt ballooning,
A jest falls from the speechless caravan.

Down Wall, from girder into street noon leaks,
A rip-tooth of the sky’s acetylene;
All afternoon the cloud-flown derricks turn . . .
Thy cables breathe the North Atlantic still.

And obscure as that heaven of the Jews,
Thy guerdon . . . Accolade thou dost bestow
Of anonymity time cannot raise:
Vibrant reprieve and pardon thou dost show.

O harp and altar, of the fury fused,
(How could mere toil align thy choiring strings!)
Terrific threshold of the prophet’s pledge,
Prayer of pariah, and the lover’s cry,--

Again the traffic lights that skim thy swift
Unfractioned idiom, immaculate sigh of stars,
Beading thy path--condense eternity:
And we have seen night lifted in thine arms.

Under thy shadow by the piers I waited;
Only in darkness is thy shadow clear.
The City’s fiery parcels all undone,
Already snow submerges an iron year . . .

O Sleepless as the river under thee,
Vaulting the sea, the prairies’ dreaming sod,
Unto us lowliest sometime sweep, descend
And of the curveship lend a myth to God. 




Hart Crane vivió en la casa desde la que Washington Roebling, ingeniero jefe de la construcción del puente de Brooklyn, paralítico desde que enfermó por síndrome de descompresión trabajando en los cimientos, dirigía con la ayuda de un catalejo los trabajos. El padre de Roebling, original ingeniero del proyecto, había muerto años atrás a causa del tétanos provocado por un accidente durante la construcción. Dicen que Crane, desde ese privilegiado observatorio, compuso su obra maestra, The bridge. Por causas que se pueden bucear en los libros de historia (y no es casual que lo mencione, ni que lo haga de esta manera) finalmente Crane, en 1932, cuando se encontraba realizando en barco un viaje entre México y Nueva York, se arrojó desde la borda delante de decenas de testigos gritando "¡Adiós a todos!". Su cuerpo nunca fue recuperado.

Insomne como el río que pasa debajo de ti / tú que abovedas el mar, hierba que sueña en las praderas, / ven a nosotros, los humildes, baja / y con tu curvatura ofrece un mito a Dios.
(De la traducción de Jaime Priede)

A raíz de esto recordé el caso de Arthur Cravan, que desapareció en 1918, en algún lugar del Golfo de México, durante una travesía por el Atlántico. Su cuerpo nunca fue encontrado.

Hart Crane, Arthur Cravan, Nat Tate.
Sus cuerpos nunca fueron encontrados.

Tengo que decir que hay algo sobre el libro de Boyd, Nat Tate 1928-1960: el enigma de un artista americano, que no se puede contar y que, por supuesto, no voy a contar. Damos por hecho que sabemos la verdad que nos negamos a aceptar.

Y la Verdad se encuentra en los textos, como en éste en el que  Crane explica cómo construyó su monumental poema The Bridge:

"Emotionally I should like to write The Bridge. Intellectually the whole theme seems more and more absurd. The very idea of a bridge is an act of faith. The form of my poem rises out of a past that so overwhelms the present with its worth and vision that I'm at a loss to explain my delusion that there exists any real links between that past and a future destiny worthy of it”

Quizás, partiendo de esas palabras de Crane, de la que la verdadera idea de un Puente es un acto de fe, Nat Tate dedicó gran parte de su obra a la serie pictórica sobre el puente.



Boyd es uno de los escritores británicos más interesantes y ocultamente influyentes de nuestros días. Su obra ha sido eclipsada por la de otros escritores británicos contemporáneos más mediáticos y que, a mi parecer, tienen menos que aportar a la narrativa que Boyd. Lo que hace en El enigma de un artista americano, basándose en los diarios de Logan Mountstuart (¡!), es esbozar la personalidad de Nat Tate, un artista estadounidense de los años cincuenta del que apenas quedan obras, para hacernos pensar sobre la volatilidad del arte contemporáneo.

Como dice Calvo Serraller en el prólogo de la cuidada edición del libro de Boyd a cargo de Ediciones Malpaso:

“¿Y entonces qué? Pues que tenemos que enfrentarnos al hecho desconcertante de que no sabemos qué es el arte contemporáneo; pero no (…) porque el arte de nuestra época sea “una tomadura de pelo” (…) sino por la imposibilidad de verificarlo. Y si no cabe la verificación tampoco se puede convertir el éxito en un canon salvo para determinar que el producto juzgado a tenido aprobación social o, lo que es lo mismo, tautológicamente, que el éxito significa éxito, pero no arte”

¿Intenta Calvo Serraller conducirnos hacia lo opuesto que su racionamiento concluye? ¿Qué el fracaso si es arte? ¿O, de nuevo, el fracaso significa fracaso, pero no arte? Nat Tate, según Boyd, se erige en epítome del fracaso, con el agravante de que no hay apenas muestras que nos permitan verificar (y juzgar) la magnitud de su obra artística ni la épica de su fracaso. En este caso, como ocurre habitualmente en el arte contemporáneo, el espectador no solo ha sido despojado de todos aquellos valores que le permiten apreciar una obra clásica, por lo que debe acudir al juicio de “los expertos” para apreciar la validez de la obra de arte contemporánea, sino que la misma obra artística le ha sido arrebatada por el propio autor.
El enigma de un artista americano se convierte así en la búsqueda del verdadero sentido del arte. Y, creo, que Boyd concluye que el arte está demasiado ligado a lo humano. Queremos ver algo sublime en el arte, pero quizás no obedezca más que a caprichos muy, muy terrenales. Y al final sus cuerpos nunca fueron encontrados.
Y, sin embargo, Boyd construye un artefacto artístico limitándose a plasmar la Verdad sobre Tate. Esa es la verdadera historia.


P.S.: Creo encontrar en Nat Tate: el enigma de un artista americano, cierta relación con Los reconocimientos de Gaddis. Tate, Wyatt, el ambiente alcoholizado artístico de New York, el “fracaso”…


30/9/14

El original de Laura, ¿de Vladimir Nabokov?

Las mentes menos brillantes entre las hordas de escribidores de cartas que habrían de caer sobre mí afirmaban que si un artista desea destruir una obra suya, por juzgarla imperfecta o incompleta, lo lógico era que procediera a hacerlo él mismo de forma limpia y previsora antes de que llegara su hora. Esos sabios olvidan que Nabokov no quería quemar El original de Laura a toda costa, sino vivir lo suficiente para acabar las fichas que le faltaban para completar cuando menos un primer borrador. (…) y que Nabokov había razonado de forma parecida [a Kafka] al encomendar la destrucción de Laura a mi madre, alguien absolutamente de fiar y enormemente valiente. Las razones de su incumplimiento del encargo habría que buscarlas en la procrastinación –debida a la edad, a la debilidad, al inmenso amor por su esposo muerto.

(…)
Tampoco creo que mi padre o la sombra de mi padre se hubiera opuesto a la publicación de Laura una vez que Laura hubiera sobrevivido tan largamente al murmullo del tiempo. Una supervivencia a la que yo he contribuido en mayor o menor medida, movido no por capricho ni por interés espurio alguno, sino por una fuerza de naturaleza distinta a la que no pude oponerme. ¿Merezco que se me condene o que se me dé las gracias?
Pero ¿por qué, señor Nabokov, por qué decidió realmente publicar Laura?
Bueno, soy un buen tipo, y como me he dado cuenta de que la gente se identifica conmigo y se solidariza con “el dilema de Dimitri”, he creído que sería un detalle por mi parte aliviar su sufrimiento.
Dimitri Nabokov, Introducción a El original de Laura (Morir es divertido), de Vladimir Nabokov; traducción de Jesús Zulaika para Ed. Anagrama.


138 apuntes escritas en los anversos y reversos de unas cuantas fichas.
Poco menos de 1300 líneas de texto que muestran el esbozo de algunos de los personajes de la posible (e inexistente) novela que hubiese sido Morir es divertido/El original de Laura.


Laura {Lora} Cora FLaura {Flora}


“He vuelto a verte, Aurora Lee, a quien, con un deseo sin esperanza, perseguí de jovencito en los bailes de instituto, y a quien he acorralado ahora, cincuenta años más tarde, en una terraza de mi sueño”

La peculiar y cuidada prosa de Nabokov ya está presente en el texto en bruto. Sus recurrentes temas aparecen apuntados como si Laura fuese a convertirse en una parodia de sus anteriores novelas y lo importante fuesen los experimentos de Wild (Sauvage) destinados a la desaparición de un cuerpo decrépito.

Nabokov en la cama de un hospital, tal y como Dimitri nos cuenta.

¿Merece Dimitri Nabokov que se le condene o que se le dé las gracias?

No sé.


Al menos El original de Laura nos dio Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee.

29/9/14

Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, de Eduardo Lago



Anular, cancelar, suprimir, tachar, rayar, corregir, derogar, abrogar, extinguir, revocar, abolir, suspender, liquidar, eliminar, rescindir, quitar, prohibir, incapacitar, descalificar, invalidar, expulsar, erradicar, extirpar, cortar, inhabilitar, impedir, conjurar, evitar, dejar, borrar, marcar, rectificar, cambiar, reformar, inutilizar, proscribir, neutralizar, finiquitar, finalizar, terminar, concluir, desautorizar, censurar, expurgar, desmembrar...

En Siempre supe Lago indaga sobre la desaparición (física) del autor o, lo que es lo mismo sin ser para nada similar, la disolución en el vacío del narrador. Lo hace en forma de novela de género (negro) imposible, con tintes austerianos (por lo que no es de extrañar que Auster se convierta en personaje marginal), incidiendo en la relación entre hijos y padres escritores.

Dimitri Nabokov tomó la decisión de publicar El original de Laura, una serie de fichas que constituyen el esqueleto de la novela que Vladimir Nabokov no pudo terminar. No he leído la “novela” póstuma de Nabokov porque siento cierto rechazo hacia ese tipo de comercialización de lo que no es. Mi sorpresa es que Lago me convence al construir su novela basándose en la premisa de que hay verdaderamente una novela (que él nos narra) en las fichas de trabajo de Nabokov. Así, la novela que encierra el esquema de las notas de Nabokov para El original de Laura se encuentra en Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee. Con una pequeña salvedad: todo cuanto nos cuenta Lago debe desaparecer, ser borrado, anulado. La novela de Lago, la novela que habla sobre una novela que no existe más que en armazón, en realidad no existe.

Pero para ser un ente inexistente me provoca un gran placer lector.

Podéis pensar lo que queráis sobre mis opiniones, sobre mi insistencia en recrearme en lo metanarrativo, pero creo que Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, es una gran novela, aparentemente sencilla en su desarrollo pero excepcional en su transfondo, que demuestra que el verdadero valor de la literatura reside en lector y en su capacidad de “crear” a partir de lo creado. Incluso ante la lectura de aquello que no puede considerarse cerrado, concluso… quizás entonces aún más.

Dimitri Nabokov legó, por motivos que no vamos a discutir ni a analizar, el esqueleto en forma de fichas de una novela en construcción. Una novela que habla (así Lago) sobre la degeneración del cuerpo y la disolución del ser humano atado a su materialidad. Dimitri Nabokov nos hizo un regalo a los lectores, un regalo que Lago ha sabido aprovechar excelentemente.

Ahora, disipados mis escrúpulos, voy a buscar El original deLaura, a seguir los pasos de Aurora Lee.

19/9/14

Doctor Sueño, de Stephen King

"¿Abordé el libro con temor? No te quepa duda. El resplandor es una de esas novelas que la gente siempre menciona (junto con Salem's Lot, Cementerio de animales y Eso) cuando habla de cuál de mis libros le hizo cagarse de miedo. Además, claro, está la película de Stanley Kubrick, que muchos parecen recordar —por razones que nunca he llegado a comprender del todo— como una de las más terroríficas que hayan visto jamás. (Si has visto la película pero no has leído la novela, deberías tener en cuenta que Doctor Sueño es la continuación de la novela que narra, en mi opinión, la Verdadera Historia de la familia Torrance.)"

¡¡¡por razones que nunca he llegado a comprender del todo!!!


Verás, Stephen, será mejor que Jack te lo explique:



Por cierto, Doctor Sueño es una novela de superhéroes... a diferencia de a McCarthy, a King lo acribillarán por escribir novelas de género... sigo manteniendo la misma opinión de siempre respecto a King: decepción y admiración a partes iguales.

11/9/14

Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy

“Sin embargo, insto al lector a perseverar, porque Meridiano de sangre es un logro imaginativo, una tanto estadounidense como universal tragedia sangrienta. El juez Holden es un villano digno de Shakespeare, comparable a Iago, demoníaco, un teórico de la eterna guerra. (...) Creo que McCarthy está advirtiendo a sus lectores que el Juez es más Moby Dick que Acab. Como otro enigma blanco, el Juez albino, como la ballena albina, no puede ser asesinado”

Esto es lo que dice Harold Bloom en la introducción de la edición conmemorativa de los 25 años de la primera publicación de Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy. Bloom se centra en la figura del Juez Holden, un personaje supuestamente histórico y el mayor logro de la novela de McCarthy.

Pero antes de eso, en la introducción a la introducción Bloom nos ha dejado esta “perla”:

“Meridiano de sangre (1985) me parece la auténtica novela apocalíptica estadounidense, más relevante aún en 2000 de lo que era hace quince años. El valor literario de Moby Dick y Mientras Agonizo se ve reforzado por Meridiano de Sangre, pues Cormac McCarthy es digno discípulo de Melville y Faulkner. Aventuraría que ningún otro novelista norteamericano contemporáneo, ni siquiera Pynchon, nos ha regalado un libro que se le acerque en cuanto a su potencia y capacidad para perdurar en nuestro imaginario, por mucho que aprecie Submundo de Don DeLillo, Zuckerman encadenado, El teatro de Sabbath y Pastoral americana de Philip Roth y El arco iris de gravedad y Mason & Dixon de Pynchon”
(Gracias a Jordi Vicens por la traducción)


Y un poco más abajo, preocupado por el lector dice: “voy a empezar por confesar que mis dos primeros intentos de leer Meridiano de sangre fracasaron, porque me estremecí de la carnicería abrumadora que McCarthy retrata

Me pregunto cuántas veces tuvo que empezar a leer (con su prodigiosa velocidad lectora) Harold Bloom Moby Dick, Mientras agonizo, Submundo, Zuckerman encadenado, El teatro de Sabbath, Pastoral americana, El arco iris de gravedad o Mason & Dixon, antes de darse cuenta que estaba ante una obra maestra de la narrativa contemporánea. Supongo que en una primera lectura pudo apreciar que esas novelas estaban (están) por encima de muchas otras. ¿Tres intentos para Meridiano de sangre? Me parece que esas tres oportunidades a una novela son de una generosidad inmensa sobre todo viniendo de parte de un crítico implacable, del crítico que pretende establecer el canon occidental. Pero nótese la incongruencia, mientras que afirma que la sucesión de atrocidades narradas por McCarthy son comparables a “un informe de la Naciones Unidas sobre los horrores de Kosovo en 1999” no duda en equiparar a McCarthy con Melville y Faulkner.

¡¿Con Faulkner?!
Sepa usted, señor Bloom, que aquí es verdadera devoción lo que hay por Faulkner.

Creo, de forma bastante retorcida, que Meridiano de sangre, y en general toda la narrativa de McCarthy, está (sí, vamos a volver a usar este término que siempre reservo para Hemingway) sobrevalorada. Y es más, creo que esta calificación desmedida viene dada por cierta reacción, que quizás no sea deliberada, contra los prejuicios de género. Es una cuestión de “discriminación positiva” trasladada de la política a la narrativa.

No es, como dice Bloom, que Meridiano de sangre sea “la auténtica novela apocalíptica estadounidense”. Obviamente, decir esto a posteriori, tras La carretera, es una perogrullada. La carretera, señor Bloom, es un western, como lo es Meridiano de sangre. Y ahí está el problema que se le plantea a la crítica. Cormac McCarthy escribe novelas del Oeste. Es cierto que el lenguaje que emplea, la estructura de sus novelas y la desesperanza que trasmiten están muy por encima de un producto pulp. Pero ya la misma denominación que empleo (pulp) no puede evitar sonar peyorativa. Y es ahí donde radica el problema de la crítica con McCarthy: Sus novelas son westerns de alta calidad, ¿cómo se puede hablar mal de ellas sin parecer elitista en cuestión de géneros? Por eso La carretera es la novela más celebrada de McCarthy, porque se puede eludir la cuestión de género englobándola dentro del postapocalíptico, el cual parece más prestigioso o más dado a la elucubración intelectual. Aunque sea un Western camuflado.

Nadie hablará mal de McCarthy, aunque sus novelas, por muy bien escritas que estén, no trasmiten nada, para no parecer clasista y prejuicioso.

Por eso digo que Meridiano de sangre es una novela magistral.

Nota 1: Bloom tenía razón las dos primeras veces que abandonó la lectura. Meridiano de sangre satura al lector no tanto por la violencia sino por la incapacidad de que esa retahíla de salvajadas logren transmitir al lector algo más que incomodidad (o bostezos). Creo que McCarthy ha hecho una muy mala lectura de las películas de Peckimpah y de los textos en los que se inspiran.

Nota 1 a la Nota 1: Entiendo que la tercera vez que leyó Meridiano de sangre Bloom debió estar considerablemente motivado económicamente. El desproporcionado prólogo a la edición conmemorativa del 25 aniversario de Meridiano de sangre lo demuestra.

Nota 1 a la Nota 1 a la Nota 1: Bloom, estremecido por la violencia, abandona Meridiano de sangre. Me lo imagino llegando a la parte escatológica de El arco iris de gravedad.

Nota 2: El título original de la novela es: Blood Meridian Or the Evening Redness in the West. Aquí podemos retitular o truncar el título de una novela a nuestro antojo. Eso de “in the West”, “en el Oeste”, destrozaría toda posibilidad comercial de la traducción novela. Aquí somos aún más clasistas que en la tierra de McCarthy. Por lo menos allí hay personas (y críticos) que no se avergüenzan de leer y disfrutar novelas del Oeste.

Nota 3: Y, hablando de “lo nuestro”, aquí tenemos un caso similar. Intemperie de Jesús Carrasco ha deslumbrado a la crítica por el empleo de un lenguaje plagado de modismos rurales, desusados y arcaicos. Se la ha comparado con las de McCarthy. Acertadamente porque Intemperie es un western. De nuevo el conflicto entre criticar objetivamente y dejar traslucir el clasismo inherente.


Nota 1 a la Nota 3: Mi problema con Intemperie, que no me gustó nada, no es que sea un western, es que es un esquemático guión que sigue los patrones habituales de los más trillados blockbusters. Imaginad a Bruce Willis haciendo de cabrero. Ya.

Nota 1 a la Nota 1 a la Nota 3: Aún así, casi nadie se ha atrevido a criticar Intemperie por sus carencias argumentales ni por su similitud con McCarthy. Es un western. Dios nos libre de hablar mal de los westerns, aunque pertenezcan a un género menor que los críticos desdeñamos.

Nota 4: Cuando digo que Meridiano de sangre es una novela magistral no estoy siendo irónico. 
Nota 1 a la Nota 4: ¿O sí?

1/9/14

Tiros libres, una antología de Campeonato Mundial


Ya está en preventa, en la página de Ediciones Lupercalia, la antología de relatos de baloncesto Tiros libres.
Además de mi relato podéis encontrar textos de Patxi Irurzun, David Refoyo, Daniel Ruiz García, Eloy Fernández Porta, Jacobo Rivero, Javier López Menacho, Mario Crespo, Sergi de Diego Mas, Josu Arteaga, Sergi Puertas, Ana Pérez Cañamares, David Benedicte, Javier García Rodríguez, Mercedes Díaz Villarías, Miguel Serrano Larraz, Francisco Gallardo y Juan Antonio Corbalán, 

28/8/14

Melancolía de la resistencia, de László Krasznahorkai

Y con esta agudeza no sólo veía la afinidad entre propiedad y propietario, sino también el profundo parentesco que existía entre la calma sepulcral de la sala y el frío sin vida del exterior: como un espejo inexorable que siempre muestra lo mismo, el cielo reflejaba con indiferencia la desolada tristeza que manaba de abajo, y los castaños deshojados, envueltos en un gris cada día más sombrío, se inclinaban bajo un viento cortante, poco antes de desarraigarse definitivamente de la tierra; las carreteras estaban abandonadas, las calles, vacías, «como si ya solo quedaran los gatos vagabundos, las ratas y la gentuza dedicada al saqueo», mientras que la llanura desierta que se extendía más allá de la ciudad ponía en entredicho incluso la sobriedad de la mirada… A este gris y a esta tristeza, a este desierto y a este abandono, ¿cómo podía responder la sala de Eszter sino con su propio páramo, con la irradiación corrosiva de la repugnancia, de la desilusión y de la locura empeñada en atar el cuerpo a la cama, con una irradiación que atravesaba la coraza de las formas y colores y destruía toda tela y madera, todo vidrio y metal desde el suelo hasta el techo?

Melancolía de la resistencia (Az ellenállás melankóliája) László Krasznahorkai; Traducción de Adan Kovacsics para Acantilado.









¿Cómo convertir un texto tan rico en imágenes y con una construcción fraseológica endiabladamente compleja, en un filme en el que el silencio es primordial?
Próximamente.


8/8/14

Libra, de Don DeLillo

1- Todo autor estadounidense debe, en algún momento de su carrera, enfrentarse a la narración en torno al asesinato de Kennedy.
2- Todo autor estadounidense debe, en alguna de sus obras, dejar un comentario, habitualmente más mordaz que laudatorio, sobre Hemingway.
2.1- La frase 2 es más cierta que la frase 1.
2.1.1- La frase 2.1 es imprecisa.
2.1.2- La frase 2.1 admite que hay grados de “verdad”.
2.1.2.1- “Verdad: El vocablo 'verdad' se usa primariamente en dos sentidos: para referirse a una proposición y para referirse a una realidad. En el primer caso se dice de una proposición que es verdadera a diferencia de "falsa". En el segundo caso se dice de una realidad que es verdadera a diferencia de "aparente", "ilusoria", "irreal", "inexistente", etc.” Diccionario de filosofía, José Ferrater Mora.
2.1.2.2- "Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero" Aristóteles.
2.2- La frase 2 interesa menos que la frase 1 a efectos de esta crónica.
3- La verdad es subjetiva. Todo cuanto conocemos es el “relato de la verdad”.
3.1- Combinando las frases 1 y 3, independientemente de la “verdad” (el hecho verdadero que subyace es la muerte de Kennedy), podemos obtener dos clases de “relatos de la verdad”:
3.1.1- Aquellos verdaderamente insatisfactorios por su forma (v.g. James Ellroy, Stephen King…)
3.1.1.1- Es decir, poco ambiciosos literariamente.
3.1.2- Aquellos que van más allá de la mera “realidad factible de ser relatada” y construyen un relato en el que la verdad es menos importante que la narración.
3.1.2.1- Es decir, Literatura basada en lo real. Por ejemplo Don DeLillo, Naoki Urasawa…
3.1.2.1.1- Urasawa no es estadounidense. Pero sirve como ejemplo de la internacionalización del síndrome conspiratorio estadounidense.
3.1.2.1.2- ¿Leyó Urasawa a DeLillo antes de afrontar Billy Bat? ¿Sabía lo de “Oswald el conejo”? Creo que sí. La forma en que Urasawa se aproxima al personaje de Oswald es similar a la que emplea DeLillo.
3.1.2.1.3- Oswald estuvo destinado a Japón.
4-  “Desde fuera, damos por sentado que la conspiración es la consecución perfecta de un plan. Hombres silenciosos y anónimos, de corazón insensible. La conspiración es todo aquello que no es la vida cotidiana. Es el juego interior, frío, seguro, sin desviaciones, eternamente fuera de nuestro alcance. Nosotros, los inocentes, los que intentamos buscarle un sentido a las sacudidas cotidianas, somos los imperfectos. Los conspiradores poseen una lógica y una osadía que supera nuestra capacidad de comprensión. Todas las conspiraciones representan la misma historia de hombres que encuentran coherencia en un acto delictivo”; Libra, Don DeLillo.
4.1- Solo quien participa en la conspiración sabe la “verdad” (o una parte de ella)
4.1.1- Curiosamente, en todo relato sobre la conspiración, los personajes mueren sospechosamente… mejor dicho, las personas en que se basan los personajes mueren, poco después de consumada la conspiración, de forma poco habitual, con lo que la “verdad” (o esa verdad parcial y subjetiva que conocían) no puede ser confirmada por los actantes (personas-personajes)
4.1.1.1- Es cuestión de tiempo que todas las personas que participaron en algún acontecimiento acaben muriendo.
4.1.1.1.1- Todos morimos.
5- Según DeLillo el Informe Warren "es el libro joyceano de Estados Unidos, la novela en la que nada queda fuera".
5.1- Libra intenta acercarse a parte de “la novela oceánica que James Joyce habría escrito si se hubiera trasladado a Iowa y hubiese vivido hasta los cien años” centrándose en Lee Harvey Oswald.
5.2- Como “relato de la verdad” Libra debe adscribirse a una de las posibles teorías que genera el Informe Warren, ese mastodóntico texto en el que “nada queda fuera”.
5.2.1- La teoría que Oswald fue la cabeza de turco de una conspiración que se desbordó.
5.2.1.1- Y así, el personaje de Oswald es tratado con cierta simpatía, toda aquella que puede generar una persona descentrada incapaz de reconciliarse con muchos aspectos de la vida social.
5.2.1.1.1- Oswald es retratado como un tonto útil.
5.2.1.1.2- Sin embargo el tratamiento del personaje se ciñe a todos aquellos datos sobre sus actos y su personalidad recopilados a lo largo de los años. Realidad e interpretación.
5.2.1.2- Lo que me preocupa más es que DeLillo descarta que la conspiración partiese oficialmente de organismos gubernamentales. Se origina, según Libra, en miembros descontentos del FBI y de los Movimientos AntiCastristas, cuyo objetivo final no es asesinar a JFK.
5.2.1.2.1- DeLillo descarta que las agencias gubernamentales tuviesen parte activa en el complot para asesinar a Kennedy. Esta toma de posición implica, pues, fe en el sistema.
5.2.1.2.1.1- Fe en la bondad del sistema.
5.2.1.2.1.2- El caos es fruto de pequeñas decisiones cuyos efectos se distorsionan.
6- Dos cosas:
6.1- Libra es una excelente novela.
6.2- Libra trata un tema que ha sido exprimido en multitud de ocasiones.
6.2.1- Y a pesar del enfoque original que le da DeLillo al tema, se puede sentir cierto agotamiento al transitar por senderos demasiado transitados.

6.3 Preferiría, a la hora de la valoración, que se tuviese (mucho) más en cuenta el punto 6.1 que el 6.2.